Son las palabras que llenan una hoja

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Otra mañana cualquiera

In Calamares en su tinta on 13 octubre 2011 at 0:51
  • ¿Sí?
  • Buenos días. Publicidad.
  • ¿Síí?
  • Publicidad.
  • ¿Qué?
  • ¡Publicidad! ¿Me puede abrir?
  • ¿Qué?, ¿quién es?
  • ¡¡¡Publicidad!!!
  • ¿¿La policía??
  • Propaganda, señora.
  • ¿Qué?¡No le entiendo!
  • PRO-PA-GAN-DA
  • ¡Ah! Propaganda. Vale.

Clic.

  • …. Muchas gracias.

Voy a hacer un llamamiento a todos: abrid al repartidor. Por favor. Sé perfectamente que es una faena que llamen por la mañana a casa mientras estás viendo la televisión, sentado en el sofá o incluso durmiendo, te levantas para ver quién es y resulta ser la famosa propaganda… Más que una faena, es una putada, pero ¡es que ya estás levantado! ¡Tienes el telefonillo en la mano! ¡Y has contestado! ABRE, no te cuesta absolutamente nada. Apretar un botón. Piii. Ya está. No ha sido tan duro. Luego ya puedes volver a tu sitio acordándote de toda la parentela del repartidor, que él no se va a enterar y su familia tampoco. Aquellos que no abren (y siento si es el caso de alguno de los lectores) lo hacen con muy mala baba. Y estoy hablando de portales que ni tienen un portero que se ocupe del tema ni un buzón destinado a tal uso, aquellos portales en los que no te queda más remedio que llamar; porque puedo prometer y prometo que si puedo evitar el encontronazo con los vecinos, lo hago. Nunca llamo demasiado pronto, porque pienso en quienes tienen esas sábanas con poderes mágicos que impiden salir de la cama antes de las diez y media de la mañana. Y nunca insisto con toques largos, simplemente rozo levemente el botón, lo cual suele ser señal inconfundible de ¡¡PROPAGANDA!!

Ahora voy a hacer un segundo llamamiento: educación. Me he dado cuenta que este será muchísimo más complicado. Doy los buenos días, pido las cosas por favor, abro puertas y ayudo con las bolsas en cuanto se da la ocasión. Y esa señora que te ha agradecido con una sonrisa que le subieras los tres kilos de patatas y los ocho litros de leche escaleras arriba y que te ha dicho lo guapa que eras, esa misma dama en cuanto tú, amable y también sonriente, osas sacar el panfleto de turno y comienzas a depositarlo en el interior de los buzones… su rostro se convierte en una mueca de asco, gira la cara, se marcha altiva con su compra y ni se le ocurre contestar a tu educado “hasta luego, buenos días”. Ni qué decir tiene de aquéllos que te pillan in fraganti y a los que no te ha dado tiempo de hacerles ningún favor porque cuando persisto con mi insistente BUENOS DÍAS y mi sonrisa, ellos te miran, los que lo hacen, y pasan de largo como si no tuvieras derecho a existir. Y ya no voy a comentar sobre los que te regañan y pasan a tu lado murmurando sobre la lastra que suponen esos repartidores para la sociedad.

Y después de todo, pienso que la que ha madrugado y la que tiene que recorrer cada calle dos veces, normalmente con mucho calor o con mucho frío y con una mochila al hombro llena de propaganda, soy yo. Soy yo la que no tiene muchos motivos para sonreír el lunes por la mañana a gente desconocida y soy yo la que se pasa las horas haciendo un trabajo que no me realiza en absoluto por unos puñeteros euros. Y son los demás los que se enfadan porque se han tropezado conmigo en el portal y no dan los buenos días a la primera persona que se encuentran. Vaya forma más inútil de comenzar el día.

Eloísa viste de Prada

In Calamares en su tinta on 12 julio 2011 at 3:54

Por primera vez toca hablar de moda en este blog. Chicos, podéis dejar de leer, pero me decepcionaríais mucho, así que intentadlo. No es que sea una experta en el tema ni de lejos; pero de vez en cuando me encuentro con cosas que me tocan mucho las narices y entonces… escribo un post. Podría hablar de diversas cuestiones que me enervan; de hecho, se la tengo jurada a Sanchez Dragó por una columna de la semana pasada, pero no me sale nada decente y creo que necesito meditar para hablar de tan ilustre señor. También podría divagar sobre fútbol y decir que si Batista hubiera sacado a Agüero de titular desde el principio puede, Y SÓLO PUEDE, que no estuvieran tan acojonados por no llegar ni a cuartos.
La cuestión es que últimamente estoy leyendo el blog de moda de elmundo.es de Beatriz Miranda, Sin noticias de Dior y lo recomiendo vivamente. Sí, habla de trapitos, pero me chifla su ironía, tiene puntos muy agudos y suele despellejar, con elegancia y glamour, a todo el mundo. Total, que el último post es una entrevista con Eloísa Bercero, una señora que no tenía el gusto de conocer; ahora no tengo ni las ganas. Tiene ochentaytantos, no se ha operado nunca y se nota; pero ¡oye, chapó! Tiene tanto tanto tanto dinero y es tan tonta tonta tonta que se merece unas líneas. Sus declaraciones son del tipo: “Si eres gorda o pobre nunca podrás ser elegante”; y a la vez afirma que le encantaría terminar sus días en el Ritz de Paris como Coco Chanel, quien por cierto, era pobre como las ratas, pero le dio por fabricar sombreros y hasta hoy. La Bercero ésta no le llegará en su vida a Chanel ni a las suelas de los zapatos. Perdón, de los Jimmy Choo. Y no podrá entender nunca lo que es trabajar duro para conseguir un sueño. Ella pasa su vida viajando para conseguir vestidos exclusivos; una vez compró un pasaje de avión para un Christian Lacroix “porque el traje se lo merecía”, declaró Bercero… la gilipollas; y “porque tú lo vales”, declaro yo.
La tipa, que es súper colega de los súper diseñadores, habla de Giorgio (Armani), de Karl (Lagerfeld) y de Oscar (de la Renta) con ese tonito de justo ahora me acaba de llamar para pedirme, por favor, que le acompañe a un desfile, pero es que estoy súper ocupada. La próxima vez que yo vaya a Zara -que ya que estamos, puede ser mañana mismo- le voy a decir a una dependienta que porfi, le diga a Amancio que use menos el naranja en sus diseños, que es súper estridente.
Hay rumores que comentan que esta fémina es muy elegante. No seré yo quien contradiga a las altas esferas de la moda porque reitero que tampoco entiendo mucho. Pero, a ver, Eloísa, me parece genial que todo tu armario sea de alta costura, que valga tropecientos millones y que tengas un chándal de Chanel y unas bambas Manolo Blahnik diseñadas especialmente para ti; sin embargo, he de decir que no es elegante ir a pasear al parque de largo, es de idiotas; no es glamuroso alardear de todo el dinero que tienes y sobre todo y esto me pone de los nervios, no tiene perdón que vayas a todos los sitios ¡¡con coleta!!

(Mientras contaba las bondades de esta señora, el Kun ha marcado 2 de los 3 goles que van a hacer que los argentinos tengan que comprarse un súper vestidor para guardar su ego. Así que me reafirmo y prometo escribir sobre fútbol próximamente)

Terapia de choque I

In Calamares en su tinta on 23 junio 2011 at 1:39

-Las palomitas que se quedan a medio hacer y el gusto que da morderlas
-Los libros usados que consiguen hacerte sentir especial
-Comer todas las pipas que el cuerpo aguante mientras se ve un buen partido de fútbol
-La leche muy caliente para el café con hielos
-Hacer esquemas en DIN-A3 con los apuntes y creerte el más listo de la clase
-Estudiar con post-its de muchos colores, tamaños y formas, aunque no sirvan de nada
-Saltarte marchas mientras conduces
-Saberte poderoso al tener el control de la música cuando vas de copiloto
-Llorar de felicidad
-Tener que ponerte la camiseta cuando empieza a hacer frío en la playa
-El bote que da un avión cuando toca tierra firme porque ya estás a salvo
-Untar la salsa del plato con un trozo de pan, y con la mano, aunque sea de mala educación
-Tener tiempo para desayunar
-Desayunar salado
-Poder perder toda la mañana del domingo leyendo periódicos y no sentirte culpable
-Tirarte en otoño en un agujero de hojas secas
-Encontrar un libro que creías perdido… encontrar cualquier cosa que creías perdida
-Pasear por una ciudad extranjera y hallarte como en casa
-Darte cuenta de que la pesadilla era sólo una pesadilla
-Abrir la ventana en una noche calurosa y que haya corriente
-Tener los pies frios y meterlos debajo de las piernas de tu compañero de sofá
-Que el amanecer llegue sin que lo esperes
-El acordeón que toca un indigente cuando paseas por el parque
-Beber agua cuando tienes sed
-Encontrar dinero en los bolsillos
-Gritar sin motivo
-Un abrazo inesperado
-Llorar porque España ha ganado el mundial (¡¡Iniesta de mi corazón!!)
-Descubrir que hay temas que no entran para el examen
-Discutir acaloradamente y terminar teniendo razón
-Recordar con tus amigos las canciones de la infancia
-¡Que te llegue un mensaje con un nuevo post en seiscientas!

Y dicen que las segundas partes nunca fueron buenas

In Calamares en su tinta on 16 marzo 2011 at 16:53

Escribo por varios motivos: no puedo dormir y hay parón en todas las series que sigo, este blog está en coma y hay que revivirlo, Iker me ha dado envidia.
Así que voy a hablar de Huesca, aunque estéis hasta las narices, pero es mi blog y hago lo que me da la gana; suerte tenéis de que sólo pueda escribir seiscientas palabras.

Otro año no dormí por culpa de Paula y fui la única que llegó al autobús sin quejarme del madrugón, no hice una conga porque estaban los de tercero y no había confianza. Mi gozo duró lo que le costó al conductor enchufar la tele, gracias al gracejo de Carolina con los innovadores y rompedores aparatos electrónicos del momento. Véase mando a distancia. Pero tras Indiana Jones y las curvas de Yesa llegué. Exactamente al IES Pirámide, del que prefiero no hablar porque daña seriamente mi sensibilidad… Al final, ahí estaba otra vez HUESCA CONGRESOS, a lo Holliwood, pero a nivel usuario, porque uno se puede subir en la U, en la E y en la C. Como veterana sabía lo que me esperaba si entraba tarde al auditorio, así que planté todas mis pertenencias en una buena butaca VIP con enchufe, cerca de la salida y del escenario; pasé del merchandaising, que se había visto seriamente afectado por la crisis y no era un asunto urgente. Y comenzó el congreso. Creo que coincido con los asistentes de FCOM cuando me quedo con la profesora de la Complutense que intentó desbancarnos como mejor facultad de periodismo y eso está muy mal, con la charla de los políticos, no por ellos, sino por las circunstancias, y con los calcetines de Ramón Lobo, quien fue otro año más mi preferido; Paula y yo le saludamos como a un amigo de toda la vida porque le entrevistamos el año pasado y nos crecimos; él, educado, nos devolvió el saludo sin ocultar una mueca de desconcierto a lo “¿Vosotras quiénes narices sois?”.
No comento las comidas porque me pongo triste: Abadía las Torres fue desbancada por un catering que no sé de dónde traía la fruta porque NO, no estaba buena y NO, no somos unas sibaritas. Al vino sí que le puedo dedicar unas palabras porque es lo único que nunca defrauda; ni sueño me entró y eso que hubo algún ponente que se ganó a pulso los bostezos.
Llegó la noche, y con ella, más vino, más copas y EL FUTBOLÍN. Ese hito, ese símbolo, ese núcleo de reunión que desgraciadamente fue relegado a una esquina del bar en pos de “Los del Huerto”, no pongo ni enlace, imaginaos. Hubo decepción en las miradas, tristeza en los rostros, peligro de suicidio, incluso alguien insinuó ¡cambiar de bar! La situación necesitaba una solución extrema, urgían unos chupitos de tequila… Y hasta aquí puedo leer.
Sé lo que estáis pensando: que ese congreso es puro cachondeo y que este blog solía ser más serio. Es que falta la conclusión final, breve, pero contundente.
El periodismo está en crisis porque los valores están en crisis y Twitter está muy bien, pero no va a solucionar los problemas; así que o nos ponemos las pilas o mandamos el currículum a McDonals. El llamado periodismo ciudadano no existe (son los padres), es simplemente opinión pública. Por eso no hay que llamar al otro, al nuestro, al de verdad, periodismo profesional, porque es periodismo, sin adjetivos. Da igual el soporte, lo que importa es lo que se hace y, más aún, cómo se hace. Superaremos la crisis porque si no, el PERIODISMO, con mayúsculas, habrá fracasado.

El penúltimo regalo de Argentina

In Calamares en su tinta on 17 enero 2011 at 8:31

Si llevas mucho tiempo viviendo en un lugar extranjero ,los últimos días son caóticos porque te das cuenta de que te quedan mil cosas por hacer; obviamente, lo has dejado todo para el último momento. Esta vez no iba a ser menos y llevo una semana recorriendo Buenos Aires para comprar regalos y postales a todo el mundo, aspecto, este de los viajes, que odio con todas mis fuerzas. Sin embargo, una vez que has encontrado algo para una persona, hay una fuerza sobrenatural te lleva irremediablemente a comprar para todos, hasta para ese tío que hace cuatro años que no ves, pero que sabes de todo corazón que está esperando su imán del tango porteño para la nevera o esas horribles encarnaciones del diablo de “Me gasté todo mi dinero en Argentina y sólo me llegó para comprarte media taza”.

También me he dado al estudio de la guía turística por primera vez para sorprenderme de todo lo que me queda por visitar, así que salgo con la excusa de hacer algún recado y voy al Obelisco a sacar las fotos que no he hecho en seis meses. Ayer paseaba con una amiga por nuestro barrio descubriendo atónitas las iglesias que nos rodeaban, por las que habíamos pasado todos los días, pero nunca habíamos entrado. Hay una en especial a la que le teníamos ganas, la Iglesia libanesa maronita de Buenos Aires. Llegamos a la gran escalinata de la entrada, que siempre llamaba la atención porque es un choque entre tanto rascacielos y puesto de choripan; subimos los peldaños decididas porque siempre estaba cerrada y fue nuestro día de suerte. Llegamos al portón y vemos a dos sacerdotes oficiando misa a tres fieles (ni uno más ni uno menos); parece que San Marón no tiene mucho fan por aquí. Y ahí que nos quedamos, pasmadas en la puerta…

- Hay misa.

- Ya lo veo.

- ¿Tú crees que aquí nos tenemos que santiguar?

- No sé, hay una cruz, pero es rara…

- Bueno, entramos, una genuflexión rápida y nos sentamos al fondo.

- No sé, no me convence… ¿Y si no es de las nuestras?

- Mira, esperamos a que termine, hablamos con el sacerdote y que nos explique.

- ¿Y qué le preguntamos: ustedes son más de Isaac o de Ismael!

En fin, que preferimos no ofender a nadie y volvimos a bajar cabizbajas hasta que nos topamos con un enorme cartel que decía Culto CATÓLICO todos los días a las 19 horas. Así que volvimos a subir muriéndonos de la risa, pero un poco más sabias en esto del maronismo; sin embargo, uno de los párrocos había visto toda la jugada y no la entendió, sólo reparó en dos taradas que iban, venían y parecía que no mostraban mucho respeto. Así que nos hizo un gesto nada amable invitándonos a no profanar suelo sagrado. Y por enésima vez, no pudo ser. Bueno, siempre hay que dejar algo para volver a Argentina.

Más allá de la anécdota, si lo que todos piensan es si les he comprado algo, la respuesta es que creo que sí, estoy casi convencida de que tendrán, al menos, un alfajor. Aunque con mi simple vuelta debería bastar. Espero que esto sirva como despedida porque no me quiero poner sentimental y prefiero contar historias sin mayor trascendencia que la de haber provocado una carcajada y un buen recuerdo.

•••••••

Y como ya no tengo nada más que decir y me faltan palabras para terminar, aprovecho para hacer publicidad de la nueva iniciativa de mi compi, la pequeña empresaria Zubiaur. Entren y compren pegatinas o voy a tener que pagar yo su mal humor.

Santos y libros

In Calamares en su tinta on 25 abril 2010 at 16:36

El viernes fue el Día del Libro y me gusta la tradición catalana de regalar libros y flores, más por los primeros que por las segundas, la verdad. Como aquí, en Pamplona, y en el resto de España la costumbre no está arraigada, me iba a quedar sin libro incluso después de intentar convencer a mis compañeras de piso para que me compraran uno, por eso del detalle. No hubo suerte, pero, casualidades de la vida, un profesor de la universidad decidió sortear algunos ejemplares en tan señalada fecha, con la suerte de que terminé la jornada con un nuevo volumen en mi estantería. Misión cumplida.

Sin embargo, tengo el corazón dividido, o más bien extrañado: veía el pasado viernes en los telediarios imágenes de ingentes masas de gente paseando por la Ramblas de Barcelona, donde autores de los best sellers del año se ingresan unos cuantos euros más y los autores de los worst sellers intentan hacerse un hueco a precios demasiado bajos. Tras la noticia, se retransmitieron reportajes sobre Cervantes y Shakespeare como manda la tradición en recuerdo del día de sus muertes; además, este año se ha colado Miguel Hernández para celebrar el que hubiera sido su cien cumpleaños. Después de todo esto, se pasaba a comentar cómo estaba transcurriendo la Feria de Abril, con uno de esos reportajes tan típicos de “la otra cara de la Feria” sobre los verdaderos currantes: camareros, cocineros, electricistas y los grandes protagonistas: los basureros que cada día recogen toneladas de mierda del recinto del Real de la Feria de Sevilla.

Digo que tengo el corazón extrañado porque entre tanta celebración, esperé ansiosa la noticia sobre las celebraciones en Zaragoza o en Huesca o, incluso, en Teruel… pero nunca llegó. ¿Por qué lo esperaba? Porque el 23 de abril es el Día de San Jorge, patrón de Aragón desde el siglo XV. Una leve referencia al santo cristiano, algún apunte sobre sus apariciones en las batallas a Sancho Ramírez de Aragón, o simplemente la leyenda de San Jorge y el dragón. Nada.

Así que escribo esto únicamente para recordar que todo viene de algún sitio, siempre hay un principio del que todo surge, y en este caso, San Jorge llegó antes que el Quijote y el Día de Aragón antes que el Día del Libro. Un pequeño recordatorio de la historia de España. Sin más. Y como no me quiero enfadar más, que estamos a domingo y quiero terminar bien la semana y empezar mejor la que llega, lo voy a dejar aquí sin dejarme llevar por sentimientos escondidos sobre los enfrentamientos entre Aragón y Cataluña. Sólo un par de apuntes, de forma anecdótica nada más: si ponen en Google Corona catalano-aragonesa, el buscador inteligente remite directamente a Corona de Aragón, sin aquello de quizás quiso decir, y lo mismo ocurre si intentan buscar Jaime I de Cataluña porque la primera opción será Jaime I de Aragón. Y para terminar, me apetece contar que esta mañana Arturo Pérez Reverte me ha recordado en su Patente de Corso que la bandera de España viene de las barras de la bandera de la Corona de Aragón. Ya está, reitero que no es por crear polémica, simplemente es para mantener enterados a los lectores.

Israel: un país

In Calamares en su tinta on 23 marzo 2010 at 18:17

Israel, hace poco más de un año, bombardeó Gaza porque Hamás había roto una tregua lanzando cohetes contra objetivos israelíes; también invadió la Franja por aire y por tierra. La guerra terminó el 18 de enero de 2009 tras veintidós días de enfrentamiento.  Ahora vuelve a suceder lo mismo: Hamás lanza un cohete e Israel responde con bombardeos. Dejando a un lado asentamientos, Obamas y Netanyahus, la historia se repite.

¿Por qué Israel se ha convertido en un país tan poco valorado?, ¿por qué hay un clima de antisemitismo generalizado?, ¿por qué la causa palestina provoca tantas simpatías? Puede que la razón sea que en menos de un mes murieron más de mil personas (las cuentas difieren entre las fuentes palestinas e israelíes, pero todos asumen que se superó el millar). Además, puede que sea porque de esas víctimas, el porcentaje de militares del Ejército [israelí] fue mínimo y el de civiles israelíes, nulo. También puede ser porque sabemos quién tiene las piedras y quién los tanques, quién tiene el apoyo de Estados Unidos y quién no. Y por eso, es natural al ser humano, hay un posicionamiento del lado del más débil. Seguramente la razón subyace en que no se comprende la respuesta desproporcionada de Israel. Pero todo en esta vida está a una escala de grises, el problema radica en que el conflicto en Gaza es negro oscuro: el acuerdo se torna imposible.

Ahora bien, en el otro frente los bombardeos masivos se justifican porque Hamás es un grupo terrorista y hay que defenderse. Porque los misiles israelíes no van dirigidos a hospitales, sino a los coches aparcados a su lado, repletos de armamento de Hamás. Porque cuando atacan un colegio se debe a que los terroristas están ahí primero disparando. Porque cuando muere un miembro de la Luna Roja suele ser causa de que los milicianos le han utilizado como escudo humano. O porque tienen que demostrar su fuerza ante el peligro, ya no sólo de Hamás, sino también de Hezbolá, de  Al Qaeda y de Irán. Recuerden que al final Goliat murió derrotado por la piedra de David.

Seguiremos viendo día tras día noticias sobre las crueldades del conflicto palestino-israelí porque los periódicos, en especial los de izquierdas, necesitan noticias sobre el Estado israelí –que no Estado judío–  igual que los países árabes necesitan que Gaza se mantenga como está para justificar de algún modo sus acciones. El panorama es negro, también,  porque se podrá hacer cambiar de parecer a muy poca gente. Puede que se necesite un poco más de información para ver las cosas más equitativamente, que no de forma  contraria, porque no hay excusa para, es verdad, la desproporción de los ataques contra Palestina. Algo más de información para valorar a un país que es líder en tecnología con el mayor porcentaje de ingenieros por habitante y líder en agricultura con sandías creciendo en el desierto; un país que ha tenido en su gobierno ministros árabes; un país en el que no todos son rabinos con kipá por la calle, un país en el que hay discotecas y un país al que va la Oreja de Van Gogh de concierto. Un país, al fin y al cabo, que es una de las pocas democracias de Oriente Próximo. Sólo por eso, habría que admirarlo, tan solo un poco.

Dejad que los niños se acerquen…a otros

In Calamares en su tinta on 9 marzo 2010 at 23:51

No me gustan los niños. Aún no tengo edad como para que alguien se preocupe de que nunca haya tenido instinto maternal, así que todavía hay esperanza para que mi madre sea abuela y mis amigas tengan un sobrino al que malcriar. No me gustan los niños por el concepto mismo de niño en sí: ser que no piensa en lo que hace, que toca todo lo que se le pone a tiro y que soluciona sus dilemas morales llorando. Que obra con poca reflexión y advertencia, dice el DRAE en una de sus acepciones. Pero además, hay padres que me gustan menos todavía: esos padres que se van de tapas y dejan a sus vástagos correteando por el bar o aquéllos que permiten que su retoño precioso juegue al escondite en el Carrefour. Ejemplos hay miles, ya me entienden.

El otro día no era momento para que el bebé estuviera allí, como si fuera uno más. Pero el caso es que ahí estaba el puñetero, metido en su coche de capota impermeable. Como el lugar era frío, aún llevaba puesto el plumífero azul marino y rojo. Tenía un libro de “Los medios de transporte” de la colección “Mis primeros pasos en el mundo”, ediciones SALVAT, para más señas. Era sorprendente porque el renacuajo no contaba con la edad suficiente para entender una sola palabra de lo que ahí se decía, pero su madre, inculcándole el valor de la lectura, se lo dio, o simplemente era una manera de entretenerle para que no diera mucho mal; pero bueno, estaba con su primer libro. A ver si hay suerte y le dura la afición. Pues ahí estaba, tirando el libro al suelo, emitiendo sonidos que solo entienden las madres y dando golpes por todos los sitios. Y yo al lado, de pie, estoica. Pensé en cambiarme de sitio, pero el espacio estaba muy lleno y, además, no quería hacer ruido, que con el niño ya bastaba. A todo esto, la madre iba a lo suyo y como mucho le cogía la pequeña, suave y adorable manita de bebé en algún momento. Aún así, el mocoso continuaba llamando la atención moviendo el carro atrás y adelante, izquierda y derecha, si hubiera podido, también lo hubiera movido arriba y abajo.

Total, que ya más pendiente del crío que de lo que tenía que estar, la paciencia empezaba a escasear en mi interior; seguía firme, pero cada vez menos tolerante. No sé si la madre se dio cuenta y lo hizo por mí, por el resto del auditorio o por ella misma, pero se agachó y le dijo a su hijo, en bajo, pero algo enfadada: “Escucha la palabra de Dios, Josito”.

Y no se lo van a creer, pero el niño se calló sin, obviamente, haber entendido nada de esas cinco palabras. Debió de ser el ambiente porque Josito, pegó un manotazo a la capa impermeable que le cubría, sacó las manos por el agujero y no volvió a emitir sonido alguno en toda la misa.

Vecinas

In Calamares en su tinta on 24 febrero 2010 at 11:18

Ya tenía ganas de encontrar una buena excusa para charlar de unas cuantas. Y me ha venido regalada esta mañana. Les cuento: llego al portal con el bolso al hombro, que contiene su respectivo monedero, móvil, estuche, agenda, manual de Historia del Periodismo español y libro de Empresa Informativa; la carpeta bajo el brazo intentando que los apuntes no encuentren ningún resquicio por el que escapar y, además, el paraguas goteando, esta bendita ciudad es lo que tiene, que es tan verde por algo. Por suerte, el portero es un hombre atento y en días húmedos tiene la bondad de dejar la puerta abierta para no complicar al personal. Total, que entro y atisbo en el ascensor a tres vecinas hablando relajada y alegremente de sus cosas, una de ellas con el carro de la compra, especie en extinción, dicho sea de paso, por lo que siempre me alegra ver que aún quedan trastos de esos por ahí. Pero mi gozo en una cueva. Decido que voy a tener que esperar al otro ascensor porque las cuatro y el carro no cabemos. Pero ojo a la sorpresa cuando me doy cuenta de que la puerta que obstruye la dueña del carrito marca que está en el cero. Yo me quedo ahí, esperando algún gesto. Pase, pase, que ella no sube. Ni me miran, igual que tampoco me habían devuelto un educado “buenas tardes”. Así que intento meterme tras el carrito con un escueto “disculpe”, le doy al botón, la puerta se abre, entro y me sigue mi querida vecina.

-Yo que me había cogido la bufanda y tampoco hace tanto frío.

-No.

-Pero la lluvia es muy incómoda, ¿verdad?

-Sí.

-Bueno, adiós maja.

Ni cuenta se había dado, la colega. Ahora imaginen qué habría pasado en el caso contrario: una vecina llega y se encuentra conmigo, dos chicas más y una mochila interceptando su camino hacia el ascensor. Pues como saben lo que hubiera ocurrido, no digo más.

Así que sí, a ustedes les digo: son unas maleducadas. A las que miran al cielo y suben las primeras en el autobús. A las que tienen pase MIP, Muy Importantes Personas, en la pescadería y se cuelan sin ningún tipo de disimulo. A las que no saludan en el rellano porque se creen las condesas de la comunidad, a no ser, eso sí, que vayan acompañadas; ante todo, quedar bien. A las que se hacen las locas y ni sujetan la puerta del portal ni esperan a que lleguemos al ascensor. A las que sólo hablan para quejarse con un ¡hay que ver! Y a las que gritan al viento eso tan famoso de qué groseros son los jóvenes de hoy en día. Pues sí señoras, con el ejemplo que nos dan no esperen una reverencia cada vez que las veamos.

Y sí, digo ustedes féminas porque la mayoría de sus esposos, por suerte, siguen siendo unos caballeros.

Nuevos expertos

In Calamares en su tinta on 16 febrero 2010 at 16:43

Cuando voy sola en autobús me lo paso pipa porque me creo una espía descubriendo códigos secretos entre simples pasajeros. Sí, creerán que estoy loca, pero si leo, me mareo. El otro día me topé con algo sorprendente: una chica que rondaba ya el cuarto de siglo  le decía a su amiga: “Ese no es un mensaje de contestar al momento… espera un poco y hazle sufrir”. Yo, perpleja, me dediqué a investigar sobre el asombroso mundo de los ‘sms’ y llegué a algo mucho más sorprendente: el fascinante universo de las llamadas perdidas.
Sólo con llamadas perdidas hablamos mil cosasPrimero hay que clasificar personas. Unas hacen una llamada perdida para que las llames porque no tienen saldo suficiente; otras llaman como queriendo decir: “Hola, que sepas que me acuerdo de ti”; incluso las hay que dan avisos del tipo: “Hola, a ver si te acuerdas de mí, porque yo, como ves, sí que lo hago y por eso te acabo de hacer una perdida”. También, me he dado cuenta de que hay familias que tienen el método desarrolladísimo: un tono es “compra el pan”; dos, “llego tarde, haz tú la comida”; tres es “ve a buscar a los niños”. Uno largo, dos cortos y otro largo es “se me ha hecho tarde en la peluquería así que no voy a poder ir al médico con el crío, ve a buscarlo a natación, llévalo al ambulatorio y no lleguéis tarde, por favor, que me ha costado mucho conseguir la cita”. Y así, innumerables combinaciones.

Después hay que tener en cuenta la hora… las connotaciones son inmensas y existen verdaderos expertos en este sutil idioma. Si cualquier día laborable en hora laborable recibes un casi inaudible pitido en tu teléfono, alguien letrado en el tema te dirá: “Nada, seguro que se ha equivocado, es que Fulanito tiene móvil nuevo y todavía no lo controla bien”. Si descubres una llamada perdida un viernes a horas intempestivas, tu fiel amiga y sabedora de significados ocultos te aclarará que: “Seguro que Menganito está en la discoteca y se ha acordado de ti”. Y si el momento elegido es, por ejemplo, un domingo a las diez de la noche, quien tengas al lado -siempre hay alguien- dirá nervioso: “Uy, ¿a estas horas?, ¿un domingo? Yo creo que le pasa algo, será mejor le llames”.

Las situaciones también cambian según el grupo social. Una adolescente dirá: “Tía, qué fuerte, Sergio me acaba de hacer una perdida” A lo que la interlocutora responde: “¿Y qué ha pasado?”. Y la amiga (muy ofendida): “Pues eso, tía, que me ha hecho una perdida”. Llámenme maniática, pero esto es raro.

Hasta se puede medir el tiempo con las llamadas, pero no se confíen, no es fácil…Un amigo dice que va a buscarte y que cuando salga de su casa te hace una perdida. Entonces, tú comienzas a hacer cálculos que suelen rozar la esquizofrenia: vale, sale de casa, baja al garaje y con la hora que es, pillará atasco, así que…calculo quince minutos desde la perdida hasta que llegue… Pero sigues cavilando: no, porque como él sabe que habrá atasco, puede que vaya por la circunvalación y entonces está en cinco minutos… O: no, porque a estas horas seguramente tendrá que llevar a su hermana a ballet y entonces son unos veinte minutos… Al final, bajas pronto y tienes que esperar, o decides ir con tranquilidad y tomarte tu tiempo y entonces tu amigo te ha hecho ocho perdidas. En este caso el significado lo descifro hasta yo: “Joder, baja ya, que te estoy esperando, ¿no te he dicho que te hacía una perdida al salir de mi casa?”.

Tras mis investigaciones y tener amigos que llevan cuatro años con un euro de saldo, he llegado a la conclusión que ahora comparto con ustedes: la gente tiene mucha jeta.

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