Son las palabras que llenan una hoja

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Ver el pasado

In 600 on 29 enero 2010 at 18:16

La niebla se negó a dejarme otear la orilla del río; yo sabía que al otro lado se alzaba un imponente castillo, pero mi vista sólo alcanzó la silueta del puente y el final quedó desdibujado por el frío. El agua fluía amedrentada y simplemente existía eso: un frío que no dejaba descubrir… nada.

Acabo de volver. Silencio, nieve, frío, mucho frío. Para mí, Budapest es gris, ciudad de escándalo, pero gris. No es que mi cámara no captara bien el color del ambiente, sino que no había rayo de sol que traspasara la niebla… gris.

Una vez leí que una fotografía nunca podrá transmitir la magia del instante en el que fue captada, que el mundo en tres dimensiones no se puede plasmar en papel. De acuerdo; sin embargo, ¿qué sería de nosotros sin las fotografías? Al fin y al cabo son recuerdos de esos instantes, son el medio que permite volver a recordar la magia del momento, que recuerdan el olor del lugar y, en mi caso, que hacen que vuelva a palidecer por un clima de ocho grados bajo cero y una sensación térmica de menos doce por tener los pies empapados. No es que un objetivo sea una barrera para ver el paisaje en todo su esplendor, sino que, de hecho, puede convertirse en la herramienta para descubrir detalles que el ojo humano no aprecia, para ver cosas en las que no reparaste, para reconstruir sucesos; en fin, para tener una segunda oportunidad.

Una fotografía -una buena fotografía- es capaz de crear la risa más estridente o la lágrima más trágica. Es un vehículo que transporta a otros lugares y hace rememorar miles de sensaciones ya vividas o crea las expectativas que necesitamos para descubrir nuevos mundos.

Uno de los grandes miedos que me acechan cuando viajo es perder por alguna inexplicable causa las fotos de la cámara o que se acabe la batería justo antes de visitar una catedral única. Es un miedo a perder esos recuerdos que, sabes, son lo único que va a sobrevivir; los viajes acaban y una fotografía será la ayuda que tendré en el futuro para contar a mis nietos que una vez estuve en Budapest. Las imágenes dan la oportunidad de recordar lo que ya no somos, de recordar lo que fuimos.

Las fotos reviven momentos y despiertan emociones olvidadas; pero también son capaces de manipular sentimientos y crear opiniones. Igual que en periodismo una fotografía podría convertirse en el mejor editorial, en la vida, una fotografía se convierte en el mejor recuerdo. La suerte con la que contamos al poder confinar un segundo de la vida cotidiana en un papel es formidable. La fotografía ni es un sustitutivo de las palabras ni es un simple complemento de ellas. Es otra forma de contar la realidad, porque hay veces que una imagen sin explicación no sirve de nada, pero hay otras en que todo comentario está de más.

Sí, se ha perdido esa emoción de revelar un carrete y únicamente quedan unos pocos nostálgicos que se niegan a utilizar los nuevos medios digitales. Aún así, la esencia de la fotografía es la misma: permite recordar el pasado. Olvidemos que las pantallas digitales que permiten borrar y borrar fotografías se convierten en algo impersonal. Quedémonos con la estética y con que una foto siempre será lo mismo sin importar el medio que se utilice.

Seguramente nunca volveré a sentir el frío húngaro de principios de enero como esa primera vez. Pero, al menos, me quedan unas cuantas fotografías. Es la magia de poder ver el pasado una y otra vez.

Cristiano, el futbolista

In Calamares en su tinta on 27 enero 2010 at 18:42

Espero que Cristiano Ronaldo se quede quieto en casa unos días, del entrenamiento a Pozuelo y de su casa a Las Rozas; no vaya a ser que se salte un ceda el paso y le denuncien por mal comportamiento público. Por una cosa o por otra, Cristiano es noticia informativo tras informativo. Desde el domingo por la noche se comenta “el codazo de Ronaldo”, primero debatían si fue o no justa la roja, después llegaron las múltiples declaraciones de los dos clubes y ya, por fin, la sanción del Comité de Competición de la Real Federación Española de Fútbol: dos partidos sin jugar.

No crean que esto se acaba aquí, porque queda Cristiano para rato. Seguramente se llegará al Comité de Apelación, aún faltan nuevas réplicas y, si no, le saldrá una novia rubia, alta, de buena familia, que además será ex novia de un torero seguidor del Málaga. ¿Para qué más? Y digo yo: ¿por qué no menos?

Mtiliga iba agachado y buscando el golpe, y Cristiano iba corriendo y buscando el gol; pero bueno, el porrazo tuvo que doler. Una tarjeta, una mirada de odio por aquí, un perdón por allá y a casa, ¿no? Pues no, porque eso no sería aceptado por la sociedad: comenzarían manifestaciones pidiendo más información, la gente saldría a la calle para defender al madridista (o no), incluso habría que llamar a los GEOS para disolver las inminentes revoluciones que tan mayúsculo suceso producirían… Claro, así es totalmente explicable que el portugués de moda acapare todas las informaciones deportivas, no vaya a ser que alguien se olvide de él.

La cuestión es hablar, esto es articular o proferir palabras para darse a entender. Así que me voy a corregir: la cuestión es no callar;  aquí no hay nada que descifrar porque, reitero, fue una falta y punto. El Real Madrid comenta que “Cristiano no lo hizo a propósito”, qué van a decir ellos. Pero, vamos, que si lo hizo a conciencia, ¡qué más dará!, ni es el primero ni será el último. A ver si ahora nos vamos a sorprender de que el chico malo haya resultado ser malo de verdad.

Esto me recuerda a nuestro querido  David Beckham. Supimos dónde se compró la casa, a qué colegio llevó a sus hijos y conocimos sus tatuajes; pero, sobre todo, nos enteramos de que su guapísima, delgadísima y perfectísima mujerísima iba al mismo gimnasio que Ana Obregón. Igual que, imagino, recordarán el “España huele a ajo”, perla que dejó Vicky Beckham antes de marchar a tierras americanas, mucho más civilizadas, dónde va a parar. A saber de qué nos acordamos cuando Cristiano Ronaldo nos deje por un cero más en la cuenta. Por ahora, llevamos en la lista que tonteó con Paris Hilton y que tiene una casita ideal en Pozuelo de Alarcón.

Por mucho que a los Manolos de Cuatro les fastidie, el fútbol es fútbol, y los cotilleos, para la sobremesa, que agua y aceite nunca han ligado bien.

Integrismo liberal

In A tinta fría on 26 enero 2010 at 20:01

Hace tiempo que Francia se preocupa porque sus ciudadanos tengan una vida pública laica. Su gobierno debe de pensar que es lo mejor para los franceses. Así, sintiéndose todos muy del mundo y poco del cielo, quizá aumente el sentimiento de fraternidad.


Ahora el gobierno quiere garantizar la igualdad entre hombres y mujeres prohibiendo en los servicios públicos el uso de aquellos velos que parecen la contradicción del antifaz del “zorro”. Vamos, que las mujeres que vistan burka o niqab no podrán entrar ni en el autobús ni en el hospital ni en la administración ni en una escuela pública. Al parecer, muchos diputados piensan que es peor taparse la cara que renunciar a un símbolo religioso tan significativo. Para André Gerin, presidente de la comisión que plantea la supresion del burka, el velo integral supone la negación de la identidad personal. No le parece que sea renegar de una religion, por la que millones de personas se arrodillan cinco veces al día en suelo francés. Eso de destaparse, que para muchos parlamentarios es libertad, es una contradicción. Pero solo está capacitado para entenderlo quien de verdad vive su vida pensando que hay algo más que servicios públicos. Supongo que con la nueva propuesta piensan que las musulmanas integristas se irán del país o renunciarán a sus vestimentas si quieren acceder a un sitio público. Pero puede que muchas prefieran caminar una hora para ir a una clínica privada. Es posible que algunas (firmes creyentes) se queden en casa enfermas para no desnudar la cara en un hospital, pensando que hacerlo sería prostituir sus creencias por supeditarlas a los caprichos de un estado liberal. Si prohibieran rezar a los musulmanes en medio del suelo de un hospital, ni siquiera ellos armarían mucho revuelo; como los sacerdotes entienden que no se les deje celebrar misa en un altar improvisado en medio del pasillo. Con el tema de la oración los cristianos tenemos la suerte de que se hace en silencio, cuando uno quiera y ante los ojos de un dios omnipresente. En fin, parece que la prohibición del burka no es tanto por un problema de identidad como de símbolo religioso. Si alguien tuviera la cara quemada y se la ocultara tras un pañuelo…

Hitler ordenó que los judíos de su Alemania llevaran una estrella cosida en el hombro. Así se identificaban con más facilidad. En Francia, el burka es pérdida de esa identidad, y no quieren admitir eso en los servicios públicos en general. El gobierno francés impone una vida pública laica, sin dioses en ninguna altura. Hace seis años, bajó los crucifijos de la pared de las escuelas para ponerlos en el cuello de los alumnos. No puede prohibir que los chicos lleven medalla. Rechazar el burka en lugares públicos es tanto como que el estado rechace el Islam. No me parece mal, los ciudadanos de un país deben adaptarse al mismo. Pero que no hablen de libertad. La Francia laica rechaza los mandatos de cualquier dios en la vida pública, pero también pretende que las únicas órdenes que se cumplan sean las leyes.

TRES DEDOS DE FRENTE

In A tinta fría on 22 enero 2010 at 3:13

Hasta ahora no ha tenido ningún problema. Si le ha parado alguno en la calle, quizá haya sido para pedirle un euro, nunca para llevárselo esposado. Pero, por si acaso, Llamazares ha dicho que por el momento no piensa volver a Estados Unidos, aunque le inviten amistosamente; su seguridad está en peligro. Sin embargo, si yo fuera americano, por muchas ganas que tuviera de abalanzarme sobre el político español, llamaría a las fuerzas de seguridad. Sobre todo porque el FBI ofrece 25 millones de dólares a quien dé información que esté directamente asociada con Osama Bin Laden. Y, por si fuera poco, a esos 25 se le suman otros dos millones por cortesía de la Asociación de Pilotos Aéreos y de la Asociación de Transporte Aéreo americanas. Si hasta ahora Llamazares viajaba tranquilo y no tenía que renunciar a su viaje al Líbano, es porque el parecido no es tan evidente. Hace falta un estudio detenido de las facciones del rostro entero para darse cuenta de que el supuesto retrato robot tiene la misma arruga, la misma frente y los mismos pelos que tenía el político español hace seis años. Ahora aquélla es más pronunciada y éstos menos y más blancos. Todo lo demás, es diferente. Al terrorista islámico se le describe con el pelo marrón, ojos marrones, y, cosa importante, de casi dos metros de estatura; bastante superior a la que tiene nuestro diputado. Lo que pasa es que esto último no se ve en la foto.

Cuando más ha peligrado la seguridad de Gaspar Llamazares es ahora que el mundo entero conoce el supuesto parecido que éste guarda con el terrorista. Hubiera bastado que, para evitar a toda costa los tediosos controles de un aeropuerto, se hubiera peinado con gomina. Por ahorrarse las molestias. Quizá no sea tanto un problema de seguridad como de resquemor el hecho de que evite su viaje al país donde opera el FBI. El susto le durará, al menos, todo enero. Por eso ha cancelado su viaja al Líbano que tenía previsto para el día 28, país en el que se encuentra el otro musulmán al que le han puesto su frente. Al error cometido por el cuerpo de seguridad americano, debe sumarse la gran publicidad que se le ha dado al acontecimiento en España. Un error como ese, bien podría haberse solucionado entre los afectados, del modo en el que ambos hubieran preferido. Ahora la noticia ha saltado a todos los medios, y es posible que en el Líbano reciban con desilusión los ciudadanos un viaje cancelado. El supuesto error de un forense debido a la ignorancia, ha sacado al diputado español del anonimato internacional para siempre. En la entrada que Wikipedia dedica a Gaspar Llamazares aparece un cuadro con cuatro puntos. El tercero lleva por título: “polémicas” y comienza diciendo: “En enero de 2010…”.

Hasta ahora no ha tenido ningún problema. Si le ha parado alguno en la calle, quizá haya sido para pedirle un euro, nunca para llevárselo esposado. Pero, por si acaso, Llamazares ha dicho que por el momento no piensa volver a Estados Unidos, aunque le inviten amistosamente; su seguridad está en peligro. Sin embargo, si yo fuera americano, por muchas ganas que tuviera de abalanzarme sobre el político español, llamaría a las fuerzas de seguridad. Sobre todo porque el FBI ofrece 25 millones de dólares a quien dé información que esté directamente asociada con Osama Bin Laden. Y, por si fuera poco, a esos 25 se le suman otros dos millones por cortesía de la Asociación de Pilotos Aéreos y de la Asociación de Transporte Aéreo. Si hasta ahora Llamazares viajaba tranquilo y no tenía que renunciar a su viaje al Líbano, es porque el parecido no es tan evidente. Hace falta un estudio detenido de las facciones del rostro entero para darse cuenta de que el supuesto retrato robot tiene la misma arruga, la misma frente y los mismos pelos que tenía el político español hace seis años. Ahora aquélla es más pronunciada y éstos menos y más blancos. Todo lo demás, es diferente. Al terrorista islámico se le describe con el pelo marrón, ojos marrones, y, cosa importante, de casi dos metros de estatura; bastante superior a la que tiene nuestro diputado. Lo que pasa es que esto último no se ve en la foto. Cuando más ha peligrado la seguridad de Gaspar Llamazares es ahora que el mundo entero conoce el supuesto parecido que éste guarda con el terrorista. Hubiera bastado que, para evitar a toda costa los tediosos controles de un aeropuerto, se hubiera peinado con gomina. Por ahorrarse las molestias. Quizá no sea tanto un problema de seguridad como de resquemor el hecho de que evite su viaje al país donde opera el FBI. El susto le durará, al menos, todo enero. Por eso ha cancelado su viaja al Líbano que tenía previsto para el día 28, país en el que se encuentra el otro musulmán al que le han puesto su frente. Al error cometido por el cuerpo de seguridad americano, debe sumarse la gran publicidad que se le ha dado al acontecimiento en España. Un error como ese, bien podría haberse solucionado entre los afectados, del modo en el que ambos hubieran preferido. Ahora la noticia ha saltado a todos los medios, y es posible que en el Líbano reciban con desilusión los ciudadanos un viaje cancelado. El supuesto error de un forense debido a la ignorancia, ha sacado al diputado español del anonimato internacional para siempre. En la entrada que Wikipedia dedica a Gaspar Llamazares aparece un cuadro con cuatro puntos. El tercero lleva por título: “polémicas” y comienza diciendo: “En enero de 2010…”.

PERSONAS PARAÍSO

In 600 on 8 enero 2010 at 18:27

Me gustaría escribir algo esta noche. No tiene porqué ser triste. Después de un tiempo, se me ocurre que merece la pena el rato hablar sobre el esfuerzo (también se merece esto último, a estas horas, con este frío y con este ánimo).

Hace una semana ella le reprochó que ciertas actitudes no le salieran naturales. Se quejaba de que, a pesar de hacerlas…no le salían de dentro, del corazón, de las entrañas; sino que las hacía cómo y cuando le salían de otras partes. Al quejársele, repetía que no se contentaba con que las llevara a cabo, sino que esperaba espontaneidad: ojalá no hubieras tenido que pararte a pensar en mí, en qué me hace ilusión, en lo descuidada que eres y en lo que te cuesta tener detalles conmigo. Se lamentaba de que el efecto tuviera una causa conocida, buscada y sobre la cual había puesto todo su empeño para que emprendiera el camino de la causalidad. ¡Ojalá no tuviera que lastimarse porque ella ha tenido que esforzarse! En mejorar.

Todos los ojalás estaban aquejados de sentimentalismo, no de amor verdadero, y se pronunciaban uno tras otro sin recordar que la misma cabecita que los formulaba tenía también racionalidad. Ojalá…no te hubieras esforzado; ¡me gustaría que te saliera natural! Las cosas naturales me salen por otro conducto.

Aunque todos reconocemos que el esfuerzo es algo bueno (¡se premia con un aumento de sueldo, que aún es mejor!), en las cavernas de nuestro corazón, tantas veces simple del todo, casi siempre molesta; no sólo esforzarse uno (¡claro!) sino que los demás tengan que hacerlo. Ojalá todo fuera fácil y espontáneo: hemos perdido la cabeza. Que te digan eso es tanto como que se quejen de quién eres: ojalá no fueras alto, esperaría que fueras más paciente (espera, cariño, espera), ojalá no tuviera que hablarte nunca, que fueras callada; ojalá fueras callado para que yo no tuviera que aguantarte. Sin embargo, el silencio te cuesta a ti y a mi me cuesta soportar su ausencia. Al final, es un juego de esfuerzos.

Lo que ocurre es que quien pronuncia el sueño del ojalá casi nunca es consciente de que él también es protagonista y su papel nunca es secundario. Por eso, sale ganando quien elije en sus oraciones de ojalás, sujetos que son inertes, como el cielo azul que pudiera ser verde y la alfombra que fuera capaz de volar o una lotería que no depende de uno mismo sino de la suerte. Pero de las personas…es peligroso decir de alguien que ojalá. Con él, se convierten en los sueños seres de plata en polvo de hojalata.

Aquélla a quien ella decía todas esas cosas no se daba cuenta de cuánto egoísmo había en el sueño que le tenía preparado. De lo absurdo de pensar que se puede jugar con el modo de ser que tienen las personas como se juega con la imagen de un futuro próspero. Hay que tener cuidado en pensar que las personas se parecen a un paraíso. Algunos lo hacen, y siguen esperando al príncipe azul sin darse cuenta de que pasa justo por delante, justo en ese momento. No lo advierten porque creen que al no llevar capa ni espada no puede ser Real. Entonces se consuelan pintándoles vestidos así y montados en un caballo. Pero al poco se hartan, deja Lee el resto de esta entrada »

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