Son las palabras que llenan una hoja

Cristiano, el futbolista

In Calamares en su tinta on 27 enero 2010 at 18:42

Espero que Cristiano Ronaldo se quede quieto en casa unos días, del entrenamiento a Pozuelo y de su casa a Las Rozas; no vaya a ser que se salte un ceda el paso y le denuncien por mal comportamiento público. Por una cosa o por otra, Cristiano es noticia informativo tras informativo. Desde el domingo por la noche se comenta “el codazo de Ronaldo”, primero debatían si fue o no justa la roja, después llegaron las múltiples declaraciones de los dos clubes y ya, por fin, la sanción del Comité de Competición de la Real Federación Española de Fútbol: dos partidos sin jugar.

No crean que esto se acaba aquí, porque queda Cristiano para rato. Seguramente se llegará al Comité de Apelación, aún faltan nuevas réplicas y, si no, le saldrá una novia rubia, alta, de buena familia, que además será ex novia de un torero seguidor del Málaga. ¿Para qué más? Y digo yo: ¿por qué no menos?

Mtiliga iba agachado y buscando el golpe, y Cristiano iba corriendo y buscando el gol; pero bueno, el porrazo tuvo que doler. Una tarjeta, una mirada de odio por aquí, un perdón por allá y a casa, ¿no? Pues no, porque eso no sería aceptado por la sociedad: comenzarían manifestaciones pidiendo más información, la gente saldría a la calle para defender al madridista (o no), incluso habría que llamar a los GEOS para disolver las inminentes revoluciones que tan mayúsculo suceso producirían… Claro, así es totalmente explicable que el portugués de moda acapare todas las informaciones deportivas, no vaya a ser que alguien se olvide de él.

La cuestión es hablar, esto es articular o proferir palabras para darse a entender. Así que me voy a corregir: la cuestión es no callar;  aquí no hay nada que descifrar porque, reitero, fue una falta y punto. El Real Madrid comenta que “Cristiano no lo hizo a propósito”, qué van a decir ellos. Pero, vamos, que si lo hizo a conciencia, ¡qué más dará!, ni es el primero ni será el último. A ver si ahora nos vamos a sorprender de que el chico malo haya resultado ser malo de verdad.

Esto me recuerda a nuestro querido  David Beckham. Supimos dónde se compró la casa, a qué colegio llevó a sus hijos y conocimos sus tatuajes; pero, sobre todo, nos enteramos de que su guapísima, delgadísima y perfectísima mujerísima iba al mismo gimnasio que Ana Obregón. Igual que, imagino, recordarán el “España huele a ajo”, perla que dejó Vicky Beckham antes de marchar a tierras americanas, mucho más civilizadas, dónde va a parar. A saber de qué nos acordamos cuando Cristiano Ronaldo nos deje por un cero más en la cuenta. Por ahora, llevamos en la lista que tonteó con Paris Hilton y que tiene una casita ideal en Pozuelo de Alarcón.

Por mucho que a los Manolos de Cuatro les fastidie, el fútbol es fútbol, y los cotilleos, para la sobremesa, que agua y aceite nunca han ligado bien.

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