Son las palabras que llenan una hoja

MENUDO DESCUBRIMIENTO

In A tinta fría on 2 febrero 2010 at 2:15

En la cafetería había unas ocho personas, casi todos bebiendo de taza. Lo bueno de los locales tradicionales es que saben servirte el café templado y que en casi todos se puede fumar. Ya era la una y media del mediodía…aunque un domingo no entiende de horarios ni de citas a horas en su punto.
-“¿Trajiste mi libro?”
-“Café largo de leche, anda Joyce. No, se me ha olvidado”. No importa, ella sonríe. Pero traigo otro, y menos mal porque le veo ocupada aclarando platos limpios. Algo hay que hacer para cobrar sin remordimientos… En ese sitio no se necesita abrigo y puedes apoyar el libro sin ir imprimiendo por toda la barra la contraportada. Todo lo demás, el desorden de los estantes, el microondas color mostaza, las cajas de metal oxidado, botellas vacías, los juguetes y titos que se han ido acumulando por todas partes al otro lado de la barra no resultan del todo molestas en una cafetería que por lo menos lleva abierta cien años. Ahí dentro aún huele a las pastas que se tostaron en la primera hornada; pero no es desagradable inhalar ese sabor a galleta rancia. Una de las paredes está cubierta de espejos rectangulares y alargados que ya no reflejan. Quizá sean así a propósito, el lugar tiene sus años y desde entonces se han vivido muchas modas. Pero todo hace pensar que los espejos son opacos porque el dueño es descuidado y algo marrano. Hay que entender que un negocio familiar con tanta historia implica amistarse con unas cuantas cucarachas. De todas formas no importa, mirarse la cara más de la cuenta una mañana de festivo no suele merecer la pena.
-“Hoy he dormido muy bien”-dice un señor que debería dar un saltito para sentarse en el taburete y que se acerca al mostrador para despedirse de Joyce.
-“¿Cómo así?”-dice ella con su cara de chiquita alegre.
-“Porque he soñado contigo”-contesta él dejando el bastón en la barra mientras apalea mi café.
-“¡Ay qué bueno…! ¿Cómo va su cuestión?”-le pregunta Joyce al anciano que, erguido como un arco, se agarra firme sobre el mostrador. Su mirada, saltona, es atenta; y a su nariz no se le escapa una mota de polvo. Cumple, por lo menos, siete decenios.
-“Mal, mal. Va mal. Ya no se pueden organizar safaris con tiro de escopeta, miran mucho eso de la desaparición de las especies. Ahora tenemos que hacerlos con animales disecados; y no es lo mismo”.
-“Claro, normal”-responde Joyce mientras recoge lo que está ordenado.
-“¿A ti te gustan los safaris?”-me pregunta el anciano. Qué voy a decirle; contesto que sí, pero que nunca he estado en ninguno.
-“Pues voy a darte una de mis tarjetas”
-“No te molestes Luke, ya le paso yo el número a ella, que yo sí tengo una tarjeta”- se adelanta Joyce. Pero el señor, palpándose el pecho en busca de la cartera, insiste. Entre tanto toqueteo, casi pierde el equilibrio y se viene al suelo; y a ver cómo lo levantamos. Al fin saca unos papeles y alarga la mano temblorosa con un trozo de cartulina mal cortada.
-“Muchas gracias”-digo mirando la tarjeta para dirigirme a él por su nombre, pero no puedo-“Luke Irisarri… ¿Organizador de safaris y teólogo?”.

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  1. Luken, el personaje da para mucho más juego. Puedes hacerlo por entregas. Bss

  2. Loico= lógico

  3. Organizador de safaris y teólogo. Ordeñador de ranas. Mecánico de cigüeñas. Pastor de almas… Cualquier combinación es apasionante (Excepto una: “filósofo lóico-matemático”)

    ¡Buena historia!

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