Son las palabras que llenan una hoja

CAPÍTULO 27

In 600 on 9 febrero 2010 at 17:04

Era alto, delgaducho, con el pelo negro, orejas visibles, y nariz judía, típica judía; tenía los ojos caídos, negros y grandes. Un tío sin más. Tuvo algún hijo y se casó dos veces. Antes había estado en la guerra o algo así y ya parecía que le gustaba escribir. Bueno, de todos modos sólo escribió algún cuento y una novelucha sin fotos ni nada en la portada, “El Guardián entre el centeno” se llamaba. Probablemente habrán oído hablar de ella. Yo la leí, era bastante buena y el tío este se hizo famoso y todo, no se vayan a creer. Hablaba de un chico que habían expulsado de un colegio y que se marchó a Nueva York y que quería saber dónde metían a los patos cuando se congelaba el lago de Central Park. Y que quería mucho a su hermana. Y que se metía con todo el mundo. Yo creo que no encajaba bien en ningún sitio, estaba un poco solo el muchacho y, al final, termina en un psiquiátrico; pero a mí no me pareció loco, sólo un poco raro.

Se me ha olvidado decirles que el escritor se ha muerto. Tenía casi cien años, así que tampoco es tan raro. Pues se ha armado un revuelo bastante grande, cosa que no entiendo porque ha debido ser por causas naturales. Ahora se habla de él, que pienso yo que no sé de qué van a hablar porque se ha debido pasar cuarenta años sin salir de su barrio. Bien que hacía, así no tenía que dar explicaciones a nadie. Bueno, imagino que a sus amigos sí. Me cae bien, aunque yo tampoco lo conozco porque ya les digo, que no hablaba con mucha gente ni salía en la tele ni nada. Por eso no entiendo a esa gente que se inventa la vida de los demás y que cuenta cosas que no son suyas. No los aguanto, parece que no tienen historias propias que contar y siempre hablan de otros. Son unos aburridos. Un día, conocí a un chico que era así, Jorge creo que se llamaba y se pasaba todo el día paseando por los pasillos del colegio haciéndose el simpático y luego iba contando cotilleos de todo el mundo. Bueno, pero da igual, esto no les interesa.

Pues nada, que me da pena que el escritor se haya muerto, era bueno. Me imagino cómo será cuando yo me muera y espero que alguien pueda decir que hice algo bueno, o que escribí una gran historia; pero que no se inventen cosas, ni que nadie viva a mi costa. ¡Jo!, la verdad es que no me quiero morir, pero todos moriremos algún día, ¿no? Puede que cuando me muera descubra a dónde van los patos cuando se congela el lago de Central Park.
Capítulo 27

EPÍLOGO

…Si Salinger no nos quiso desvelar sus secretos, no intentemos entender quién era, cómo vivía o por qué desapareció; sino que sigamos en silencio, porque ese silencio habla y dice todo lo que Salinger quiso que supiéramos. Callen y escúchenlo hasta que nos vuelva a llamar desde la estantería. Allí encontraremos un libro menudo, sin ilustración en la portada, como de clase media, de esos que pasan desapercibidos hasta que los conoces. Eso será todo, porque sólo podremos averiguar quien fue Salinger a través de sus palabras. O quizá no. Sus secretos se los ha llevado a la tumba, así que no molestemos a los muertos, no vaya a ser que se despierten.

Ya saben, no cuenten nunca nada a nadie. Si lo hacen empezarán a echar de menos a todo el mundo.

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  1. quizás lo que más me gusta es el cambio de ritmo en el epílogo y la cita del final. Muy grande.

  2. Me ha gustado mucho. Da en el clavo. No bajes el nivel!

  3. Jajajaja, muy atinado, Lychu!!! Bien recreado el mismo lenguaje de Holden Caufield. Atrevido.

  4. ¡Jo! (Nunca mejor dicho…)

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