Son las palabras que llenan una hoja

MENUDO DESCUBRIMIENTO II

In 600 on 20 febrero 2010 at 13:58

Elige la misma mesa, deja el bastón en el mismo sitio, se acerca a la barra y pide “descafeinado de cafetera”. Intenta esperar de pie, pero se cansa y acaba por volver a su mesa y sentarse. Sabe que, al final, le llevaré el café a la mesa, como todos los domingos… Aunque siempre trata de llevárselo él. La misma rutina: revuelve el café, enciende el cigarro y se queda quieto, mirándome mientras atiendo a otros clientes. He llegado a pensar que durante ese rato piensa cuidadosamente su próximo comentario.

Justo entonces, improvisa una escena completamente surrealista y absurda. Más propia de una obra de Ionesco que de la vida real:

– Oye, ¿tú qué haces?– le dice a una niña de unos cuatro años que revolotea alrededor de una mesa aledaña, donde su madre intenta leer el periódico.
–Voy al cole.
–¿Eres maestra? ¡Jo!, qué suerte tienen tus alumnos de tener una maestra tan guapa.
La niña, confundida, se sonríe y luego, un poco asustada, le dice:
–No, voy a aprender.
–Es verdad, que vas a clase conmigo. ¿No te acuerdas de mí? Vamos juntos a clase.
Le arranca un pequeño chillido a la niña que, incrédula, se vuelve hacia su madre con cara de interrogación. Luken sólo me mira y se echa a reír.

Episodios como éste lo han convertido en mi visita favorita de los domingos. Ha conseguido que mis amigos, más que por el café gratis, acudan también a verme, siempre alrededor de la una, para ver qué dice Luken esta semana. Todo empezó cuando Paula, que vino a visitarme sin conocer a Luken, se creyó, pobre ilusa, la historia de que Luken es teólogo y organizador de safaris. Y decidió escribir una columna sobre su encuentro. Por su parte, Lydia quedó prendada del personaje y quiso venir a conocerlo. Él, feliz por la fama recién adquirida, intentó no defraudar. Le preguntó a Lydia que de dónde era y si conocía su pueblo. De ahí saltó a su nacimiento: “Cuando nací pesé solo 450 gramos. No me cabía el alma, por eso soy un desalmado”. La conversación duró poco más. Duró exactamente hasta que su hermana, que en esa ocasión lo acompañaba, le escuchó decir: “Mi problema es que tengo muy buena memoria: me acuerdo hasta de cuando me daban el pecho”. Hasta el siguiente domingo.

Sus historias, tan graciosas y ocurrentes como falsas, dejan boquiabierto a cualquiera. Es casi más fácil comprender que, a pesar de su cáncer, siga fumando, que el hecho de que con su edad e historial médico pueda tener tal sentido del humor. Su hermana, que lo suele recoger después de misa, me contó una vez que sus ingresos en la Clínica no duran más de un par de días. Los constantes piropos que lanza a las enfermeras, sus chistes y sus ganas de fiesta hacen que le den el alta, más por su buen estado de ánimo que por su salud.

“¿Sabes qué me gustaría probar? Tus labios a la plancha”. Un comentario que si viniera de otra persona me haría sonrojar, viniendo de él, siempre me arranca una sonrisa. “Anoche fue la mejor noche de mi semana: soñé contigo”. Sus cumplidos nunca cesan, y aunque se repitan, no pierden la gracia.

Todos los domingos, tres piernas anuncian su llegada. Bajito, de ojos saltones y sonrisa amplia y cuarteada por la edad. Su espalda encorvada hace sospechar una vida plagada de trabajo. ¿Edad? Se suma 10 años para que le digamos: “¡Qué bien se conserva!”. Todos los días me pregunta si conozco su pueblo, y siempre contesto que no. ¿Alzheimer? Ganas de hablar. Y sobre todo ganas de reírse.

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  1. No conocía al personaje ni por referencia oral, pero me gustó mucho la descripción…… creo que debe ser una mina de información si se le rasca un poco el friso. Adelante!

  2. Joyce, como creo que ya te he comentado, conozco desde hace muchos años y aprecio de corazón al personaje que tu has descubierto ahora, me encanta la delicadeza con la que abordas el tema, sería más fácil que nos hicieras reir, pero has conseguido que nos sonriamos. Felicidades

  3. Hey! Me encantó esta columna. Creo que no me la habías leído o no te hacía caso, mientras me la leías… ¡Tonta de mí porque está genial! Keep up the good work!

  4. El personaje es una mina, Joyce. Síguele la mirada e imagina qué puede pasar por su cabeza.

  5. Es maravilloso como de cosas que se podrían tiznar de negativas, se nos da a conocer el inocente alma de un ya mayor protagonista.

    Os animo a las tres a seguir no solo con “menudos descubirmientos”, sino ya, ahora, con descubrimientos menudos sobre este “Personaje”.

  6. Muy buena descripción de ese visitante de todos los domingos. Supongo que hoy, a estas horas, estarás recogiendo más anécdotas de este Luken. Es cierto aquello que dicen algunos: “La juventud está en el espíritu de la persona”.

  7. Sí, en pocas líneas logras encerrar el brillo y la sencillez que esconde la vida. Muy bien.

  8. Una alegría encontrarte por aquí Joyce. De la columna no te digo nada, porque ya te lo dije en vivo y en directo. Sí… Te diré algo para que lo recuerdes: Leyendo tu columna, se conoce al personaje.

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