Son las palabras que llenan una hoja

Su camino y el mío; el de Santiago

In 600 on 23 febrero 2010 at 4:13

Este relato ha quedado finalista en el concurso Peregrinas por el Camino de Santiago, con el título “Su camino y el mío”

El monte navarro está entre Pamplona y Puente la Reina. En medio de la tercera etapa del Camino de Santiago.

Todos los días, aunque sea en coche, recorro una parte del Camino de Santiago. Siempre la misma. Es el tramo que me acerca de casa a la universidad y que me devuelve de las aulas a estar con mi familia. Conmigo, unas veces de espaldas y otras de frente, caminan a diario peregrinos. Suelen ir en hilera, con más de veinte kilómetros en las piernas y diez kilos en la espalda, con ganas de llegar al albergue de Cizur Menor en su camino hacia Puente la Reina. Ese trecho, donde para mí comienzan y acaban los días, son dos kilómetros de curvas que suben y bajan. A veces me dan ganas de gritarles: ¡Venga! ¡Que queda poco! O un ¡Aúpa Induráin!, a quienes van en bicicleta. El trayecto lo cierran dos reliquias: un puente romano, cercano a la ciudad, y un castillo del siglo XVII que hay en el pueblo. Cerca del puente pusieron un cartel alentador: “Cizur Menor, 2km”. Unos cuantos se rinden a sus pies; tiran las mochilas al suelo y se sientan en la hierba salvaje que crece a un lado de la acera. Más allá de la señal, hay algún que otro banco rojo, descolorido y astilloso que algunos toman por trono: extienden las piernas, se remangan y campan a sus anchas. A veces, veo en un extremo de la acera una mochila sin peregrino. Éste aparece al poco de entre unos arbustos, con cara de haberse quitado otro peso de encima. De vez en cuando, si voy hacia casa, me ofrezco para acercarles al albergue. Sobre todo cuando llueve, que en Navarra es muchas veces. Hace poco, conducía mi coche hacia casa cuando me topé con un anciano. Llevaba un bastón en cada mano y bajaba la carretera por mi carril, paso a paso, sin prisa y sin miedo, con complejo de ser un automóvil.

Bon suar, ¿Puenteh la Geina? − me preguntó cuando bajé la ventanilla del copiloto. Me temí tener que llevarle hasta allá, así que até en corto.
Bon suar. Je vais a Cizur. Si vous voulez je peux le porter al albergue−. Pasaba los setenta años y olía a musgo, a calle, a peregrino de verdad. Tardó diez minutos en meterse al coche.
Mersi bocup, mersi bocup… Mi nombge es Gamón.
− El mío Paula, enchanté. ¿Qué hace andando a estas horas? Quésque vous faites walking at this time?
Pegdí a mis compañegos en Saint Jean Pied de Port. Ahoga andó soló paga cogeglos.

Cuando llegamos al albergue, le indiqué con el dedo la puerta. Le dije que no sabía si estaba abierto, pero que de todos modos gritara, que en España se consiguen así las cosas. Pero no quiso bajarse del coche.
− Es peligroso andar por ahí tan tarde…− intenté convencerle.
Ne m´importe pas. Yo ahoga andag, no dogmig.

Le acerqué a la falda de El Perdón. Le dije que, detrás del monte, caminando un rato largo, estaba Puente la Reina. El viento era fortísimo y sólo se veía hasta donde llegaban las luces del coche. Volví a sugerirle la vuelta al albergue, pero se negó. Antes de que se fuera, y chapurreando un francés de bachillerato, le pedí que rezara por una cosa. Le deseé suerte y, cuando ya se había bajado del coche, le pregunté si llevaba linterna. Enseñándome el teléfono decía:
Le movil! Le movil!

Antes de desaparecer en la oscuridad del camino, cuando las largas del coche casi no le alcanzaban, se giró para despedirse. Esa noche no hice otra cosa que rezarle a su ángel de la guarda.

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  1. Muy bonito.Me gusta.A ver cuando haces eso por mi.

  2. Un segundo intento corregido.
    Como mi ignorancia en las normas finas del idioma no me dejan criticar, ni elogiar, solo me queda decir cómo me divertí con esta historia que en mi caso también se repite diariamente. Siempre lo comento en casa, pero ya sabes, las madres sólo somos unas PESADAS: en los peregrinos que por allí transitan hay un largo ovillo que deshilar……

  3. A mí me ha extrañado que El Perdón se haya puesto faldas, aunque, en estos tiempos ¡cualquier cosa¡, me suena mejor en singular, en la falda de El Perdón. En cualquier caso me ha gustado mucho, yo, al igual que Guillermo, dudo de mi objetividad. Un beso Paula Fdo. la que aquí no debe firmar.

  4. Paula, sólo una reflexión: tienes que ir a clases de francés ya!!jajaja
    Y por criticarte algo, que para eso estoy, puede que yo hubiera cambiado lo de “quienes van en bicicleta” por algo más… tuyo. Ya me entiendes…
    Por lo demás, magnífico

  5. Como me pasé con la extensión, he rectificado. 600 palabras justas. Tus apuntes me han ayudado a eliminar algunas cosas. A, como dirían los masones, pulir la piedra. Muchas gracias!

  6. Jajaja, ay, Paula… Verdaderamente única!! Indiscutibles puntos a favor: los diálogos -al estilo Reverte- y la sencillez de la narración -como la jornada de un peregrino-. ¿Lo peor? No encuentro nada, lo siento, y empieza a preocuparme mi objetividad. Bueno, quizá no encuentre acertados un par de verbos (“lo atizan el viento” y “ves en un extremo”).

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