Son las palabras que llenan una hoja

Margen de error

In 600 on 9 marzo 2010 at 18:43


Hay dos formas de ver una concentración, manifestación, protesta o apoyo del tipo que sea. En horizontal o en vertical. Y por lo mismo, dos maneras de contar a quienes se congregan. Dos cuentas que, fuera de toda coincidencia, salen disparatadamente diferentes.
El sábado hubo en Pamplona tres manifestaciones. Una contra el aborto, otra independentista y una más de trabajadores. La Policía contó así: 2.800 euskalherrianos, 1.500 obreros y más de 1.000 defensores de la vida en todas sus semanas. Los manifestantes, desde sus altavoces, se contaban de esta otra manera: 5.000 los primeros, 3.000 los segundos y 2.000 los terceros. ¿Dos puntos de vista? O los policías que se encargaban del recuento aquella tarde eran un puñado de tuertos o los convocantes una panda de extasiados. Cuál de las dos medidas sea la correcta, depende de lo que uno quiera creer o crea. Pero lo que ocurrió en Pamplona pasa siempre en toda España. El domingo, hubo una gran convocatoria en defensa de la vida en todas las comunidades del país. Tomando como referencia la capital, el día siguiente salieron en los medios datos nada emparentados. Por un lado, los organizadores aplaudían la presencia de más de medio millón de personas y, por otro, la empresa Lynce, especialista en el recuento de asistentes a las aglomeraciones urbanas, los cifraba en torno a 10.000. ¡50 veces menos!…o más. Algo parecido ocurrió en la manifestación provida del 17 de octubre del año pasado. Entre las dos fuentes, organizadores y empresa, había una diferencia de casi 40 veces la cifra. Por encima, o por debajo. Pero ese tipo de recuentos afecta a todos los campos. El mes pasado, los manifestantes madrileños en contra del retraso de la jubilación eran 60.000 y poco más de 15.000 al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto. Para qué seguir. Cuando uno está entre la muchedumbre, dejándose las cuerdas y gritando a bocajarro la misma frase durante una, dos o las horas que se tercien, necesita motivarse. Pero también al día siguiente, cuando enciende la televisión o abre el periódico en el que intenta descubrir lo que vivió el día pasado. Entonces, se viene abajo porque no entiende los resultados y se pregunta si, como a tantos otros, quizá por descuido, a él tampoco le contaron. Ante tal situación, debe preguntarse si esa tarde bebió más chiquitos o claritas de la cuenta, porque él hubiera jurado que eran muchos, muchos diez miles los que le empujaban, los que elevaban con él pancartas y protestas. Ante ese panorama del día siguiente, ante esas páginas del periódico que sea, que le convenzan a uno de que los números nunca mienten. Entre tanta cifra contradictoria y tanto organizador motivado, aparece una empresa que decide organizarlo todo. Hacer ciencia social, rigurosa, exacta, fiable. Como un lince volador, se lanza a las alturas, saca fotos y luego hace mosaicos con ellas. Empieza poniéndole un píxel a cada persona. De esa manera, convirtiendo a los manifestantes en puntitos de colores, hacen un mosaico pintoresco de manchas que tienen distinta densidad. Cada mancha equivale a 1.000 personas. Luego, suman todo, establecen un porcentaje de error (porque la ciencia tiene sus peros) que oscila entre el 10 y el 15 por ciento, y pasan a ser la fuente más fiable de datos. Pero, ¡qué carajo le pasa a los organizadores? ¿Miran como ven las moscas? También puede ser que esos métodos tan científicos de algunas empresas tengan la misma rigidez que lo que atrae tanto a esos insectos. Como dijo Churchill: “Hay verdades, medias verdades, mentiras y estadísticas”. Para cuando los números no engañen.

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  1. Irónica columna y entretenida.
    Cualquier persona que haya estado en una “manifa” o “detrás de una pancarta” se reconocería en ese mismo análisis. Los sociologos son los responsables y esta directa imputación no es baladí, pues basta reparar en la etimología de la expresión para percatarse de su siniestro significado. En efecto, si desmenuzamos la palabra en cuestión, proveniente del latín, nos encontramos con lo siguiente: socius-logia, de donde cabe deducir que estos profesionales se asocian con quienes profesan secretamente la fraternidad mutua, por tanto, dicho sea, que quien es su amigo o, en su defecto, (que es la regla), contrata sus servicios, obtiene la ventaja que retribuye.
    No obstante, para los que siempre somos oposición incluso de la oposición, deberían darnos clases de cómo manifestarnos, sobre todo para tener siempre erguido el ánimo, tales como de caminar lentamente, sin apreturas, ni empujones, holgadamente; portando globos, cuantos más mejor, como los que venden en sanfermines, para que brillen y parezcan cabezas; echando planfetos y mucha megafonía que grabadas por un grupo repita y repita incansablemente las consignas durante todo el recorrido. Tratar de no convocar en vacaciones o el día de la final de algún evento o en día lluvioso, con un callejero más bien estrecho, etc.
    En cualquier caso, debemos reconocer al padre de la comedia francesa y antipedante por antonomasia, Molière, cuando afirmaba con todo sentido e inteligencia que “los pueblos felices no tienen sociología, tienen costumbres, instituciones y leyes.”
    Buena y divertida columna, enhorabuena.

    • Estaría bien hacer lo de los globos, sólo para fastidiarle a la ciencia y a esos métodos de la sociología que se creen tan fiables. Un puntazo; y otro muchas gracias.

  2. La verdad es que el baile de cifras desanima. De hecho, nuestras autoridades pretenden desanimarnos en la defensa de los valores verdaderamente humanos haciéndonos creer que somos minoría. ¡Qué chasco se llevarán cuando seamos los únicos que, a base de heroísmos, permanezcamos como voz auténtica e independiente en la sociedad! ¡Qué chasco cuando comparen nuestra fecundidad con su esterilidad mortecina!
    Me ha gustado mucho tu visión

  3. Ïnteresante, desde luego. Bien.

  4. Este tema también me llama la atención a mi. Cuando asistíamos a las marchas de la oposición en Venezuela, eran miles de personas, es más, los fotos en vertical y en horizontal lo avalaban, pero según las mediciones gubernamentales eran “cuatro gatos” (palabras de Chavez). Así que para enriquecer tu información no sólo puede cambiar la cantidad sino también la especie.
    Lo que me recuerda aquello “en este mundo traidor, nada es verdad ni es mentira, solo es según el color del cristal con que se mira…….”

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