Son las palabras que llenan una hoja

POBRE GARZÓN

In Tintarías on 24 marzo 2010 at 21:17

Me sorprende la cultura del pueblo español y los niveles insospechados de estupidez a los que se puede llegar en nombre del saber y la libertad. Me causa fascinación que más de cien escritores, músicos y actores firmen un manifiesto en el que expresan su “preocupación social” por el acoso legal al juez Baltasar Garzón.
Aunque vivamos en democracia, no todo es, ni debe ser, democrático. La libertad de expresión nos permite opinar y hablar de lo que queramos. Pero no nos da vía libre para decidir o actuar de acuerdo a nuestras opiniones. Mucho menos, para proceder democráticamente en cuestiones en las que los profesionales son los únicos que conocen los criterios para decidir. Nadie que no sea médico debería opinar sobre si un enfermo de cáncer debe recibir tal o cual tratamiento. Del mismo modo, nadie que no sea un profesional del derecho puede decir si una causa debería abandonarse o perseguirse, por mucho que sea madre de un actor galardonado o hijo de Rita la Cantaora.
Los firmantes son miembros de un colectivo de artistas, cuyas opiniones políticas, como colectivo, son cuando menos irrelevantes, y, cuando más, irreverentes. Según ellos “la sociedad identifica y agradece la dedicación de Garzón y su lucha contra la delincuencia, el terrorismo y la corrupción”. Ahora bien, la sociedad agradece la dedicación y la lucha contra la delincuencia, el terrorismo y la corrupción por parte de cualquier magistrado. Es más, lo que realmente hay que agradecer, es que no desechen la causa contra uno de sus colegas, porque eso significaría que la Justicia en España va peor de lo que todos pensábamos. Si el Tribunal Supremo se negó a archivar el caso Garzón, acusado de prevaricación, cohecho e interceptación legal de comunicaciones, no le faltarán motivos. Y muy buenos tienen que ser, porque por lo general, entre bomberos, no se pisan las mangueras. Ya se ve que no es moco de pavo que después de recibir dinero de Botín durante su estancia en Nueva York, Garzón instruyera la causa de su mecenas.
El Tribunal Supremo es el único capacitado por ley, según el artículo 160 de la Ley Orgánica del Poder Judicial, para “dirigir la inspección de los Juzgados y Tribunales en los términos establecidos en la propia ley”. Dicha ley no contempla que la opinión pública o el iluminado de turno decidan qué causas se deben seguir y cuáles no. Y creo que tampoco debería contemplarlo. Los artistas son libres para participar públicamente del debate político. De acuerdo. Pero la Justicia no se elige en las urnas, y eso hay que tenerlo muy presente.
La cúpula de abanderados de la cultura española se justifican diciendo que “las dimensiones de inconcebible acumulación que está tomando el caso” les hacen temer que pueda llegar hasta los tribunales internacionales y que se pueda quebrar la confianza en las instituciones. Es raro que estos librepensadores se adhieran a tan incoherente postura, que sería como decir que no hay que juzgar a un sacerdote para no quebrar la confianza en la Iglesia. Y seguro que ninguno defendería tal postura con la misma vehemencia. ¡Qué abogados, los de Garzón!
Supongo que ese es el problema de la democracia. Todos creemos que podemos, y debemos, opinar. Pero no le faltaba razón a Ortega y Gasset cuando escribió: “La democracia, como democracia, es decir, estricta y exclusivamente como norma del derecho político, parece una cosa óptima. Pero la democracia exasperada y fuera de sí, la democracia en religión o en arte, la democracia en el pensamiento y en el gesto, la democracia en el corazón y en la costumbre es el más peligroso morbo que puede padecer la sociedad”.

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  1. Padecemos la sociedad de la incoherencia, en la que todo, en última instancia, no importa: somos la Roma decadente o, si se quiere, pertenecemos al más puro fariseismo.
    No hay régimen político perfecto y, en esta tesitura, la Democracia, que yo conozca, es el sistema menos imperfecto. Otra cosa es que nos llamemos demócratas y carezcamos de esa cultura; y, estimada escritora, sobre ese particular no te falta razón alguna en todo lo que apostillas.
    Hoy, todo el mundo opina haciendo bueno aquel apotegma de que “donde los sabios no se atreven a entrar, los ignorantes pasan a zancadas” ¿cabe mayor estulticia?
    A Garzón es justo reconocerle que fue el Magistrado de España que puso entre rejas a toda la Mesa Nacional de Herri Batasuna (y eran unos cuantos) y, al mismo tiempo, ilegalizó a dicha formación política y a las de su entorno como Segui (la kale borroka), al margen de cuál fuera su denominación. Este voluminoso auto judicial, que pongo a tu disposición, constituye el hito que ha servido tan eficazmente a la lucha democrática frente al terrorismo. Esto es rigurosamente cierto. Otra cosa es que este Magistrado no haya sabido ser “magister”.
    Muy interesante el análisis político de la columna, aunque no puedo estar de acuerdo en algún momento, mas no importa porque iempre debe haber debate, sobre todo, para huir de la tentación del “pensamiento único”. Enhorabuena, de verdad.

  2. Poco que objetar y mucho que alabar. Eso sí, es un tema intrincado para una columna.

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