Son las palabras que llenan una hoja

¿Hay que reformar la Constitución?

In 600 on 6 mayo 2010 at 19:28


El presidente Montilla sigue defendiendo la constitucionalidad de su estatuto porque alega que es la elección del pueblo. Pero el pueblo no conoce los entresijos de la Constitución, por tanto, es perfectamente viable que haya votado un texto inconstitucional. Montilla también se ha quejado de la actual composición del Tribunal Constitucional y ha decidido no tener en cuenta sus decisiones… Habría que pensar qué hubiera pasado si ese Tribunal hubiera aprobado el texto porque seguro que no habríamos oído protesta alguna. Hace dos semanas María Emilia Casas, presidenta del Tribunal Constitucional, pidió respeto para la institución que preside y tachó de “interesadas e irracionales” las críticas que se le han hecho. Efectivamente, estas críticas son irracionales porque cuando se ataca al TC se está cuestionando la Constitución española; es irracional y absurdo cuestionar si su intervención en el Estatuto de Cataluña es democrática o no porque sí que lo es: el TC protege la Constitución y, por tanto, la legitimación proviene de su propia función, no del partido que nombra a los magistrados; su razón de ser es proteger la voluntad del poder constituyente, la voluntad del pueblo. Pero se le termina pidiendo lo imposible al pretender que proteja los poderes constituidos de Cataluña, porque en ninguna comunidad autónoma existe un poder equiparable al poder central. La verdadera pregunta que se le está haciendo al TC es si se está reformando la Constitución mediante el Estatuto de Cataluña porque si la respuesta es afirmativa habría que declararlo inconstitucional.

El problema de fondo es asumir que la evolución del estado autonómico se está produciendo a través de los diversos estatutos de autonomía, que son leyes orgánicas y, por tanto, no pueden ser contrarios a la norma fundamental. Realmente, y al margen de qué partido político gobierne, el TC siempre ha tendido a interpretar la Constitución de forma autonomista en los aspectos que no fueron resueltos en 1978, es decir, en la cuestión territorial. Así, se termina confundiendo estatuto con constitución porque hay un poder estatuyente que se ha llevado hasta sus últimas consecuencias intentando aplicarlo como si fuera esa supremacía soberana que tiene el pueblo español. Con temas como la financiación o las declaraciones de derechos de las distintas comunidades hay que tener sumo cuidado porque no se pueden decidir de forma bilateral (como actualmente se hace), sino que deben ser multilaterales: que los valencianos tengan unos derechos propios significa que no se acatará la declaración de derechos para todos los españoles; si Cataluña quiere que la financiación del poder central se haga según su PIB y Andalucía, según su población, significa que el dinero de más para unas comunidades será dinero de menos para otras.

Puede que haya que instaurar el recurso previo de constitucionalidad para que no se acuse al TC de ser contrario a la voluntad ciudadana plasmada en referéndum; pero si lleva cuatro años decidiendo si aprueba o no el Estatuto de Cataluña, si hay problemas con el de Castilla la Mancha, si ya los hubo con el Estatuto de Valencia, si todos los estatutos actuales se proyectan en un debate sobre su constitucionalidad o inconstitucionalidad puede que lo que haya que alterar sea la propia Constitución. Un ordenamiento que sólo se ha modificado una vez en treinta años y que ha ido cambiando por medio de estatutos y tratados internacionales, un código que da miedo corregir porque se ha ido infectando por la cuestión territorial. Un texto al que le falta desarrollar quién tiene las competencias de cada autonomía y cuál es ese nivel de autodeterminación. Un problema que sólo se puede resolver reformando la Constitución.

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  1. Aquí, en el sector de opiniones, casi siempre estamos los mismos, por lo que, prácticamente, estoy, estamos, en familia. La Constitución, también, Carta Magna, tarde o temprano habrá que “enmendalla, corregilla y no incrementalla”, entre otras razones, por la sucesión al trono post Felipe VI, salvo que tenga hijo varón, que no parece vistos los arreglos de quitarse/ponerse de la morganática.
    Hemos vuelto al pasado, a la Historia, a la España de las españas, antes incluso, a la aldea y, si se me apura, a la tribu y de aquí, a la cueva, eso sí, globalizada. Podemos decir con buen talante que si se nos dice que somos la cola de Europa dígasenos también que somos y estamos a la cabeza de África.
    Bueno, disculpe la escritora pues no he podido refrenar el colosal ímpetu de los fieros sentimientos que han despertado en mí la reconocida gestión de nuestro Gobierno en la Presidencia Europea.

    • Eché de menos su comentario en esta columna, ya que en su día lo esperé con ansia por ser experto en estos temas. Pero aunque ha llegado tarde, ha merecido mucho la pena: el comentario no tiene precio, supera incluso el escrito inicial, lo refuerza y lo aumenta; así que, muchas gracias

  2. Yo soy un poco -sólo un poco- comunitarista y creo que ya es hora de enmendar la Constitución. Sobre todo, porque tengo ganas de votar “no”. Por lo demás, me parece que las razones que esgrimes son pertinentes. El estilo creo que es adecuado. ¿No se trataba de editorializar?

  3. Me ha gustado. Bueno, Paula, supongo que tienes razón. Pero a fin de cuentas el tema exige ese distanciamiento que toma Lydia. Y no siempre es bueno involucrarse en el texto de manera explícita. En este caso, las líneas cobran más dramatismo.
    Eso sí, Lydia, lo que propones es bien complicado, ¿eh?

    • Lo sé y mi idea no era esa, de hecho al principio sólo iba a criticar a los partidos políticos por usar este tema como arma política sin darse cuenta de que se está modificando la Constitución “sin querer”, pero alguien me dijo que por qué iba a ser tan malo eso de reformar la Constitución y creo que tiene razón…

  4. Miraré lo del estatuto, que ahora no me da tiempo
    A mí también me van los textos más desenfadados, pero hay temas en los que ni yo soy capaz de ser fiel a mi estilo, aquí no cabe el cinismo

  5. Asegúrate de que sean cuatro y no tres los años que lleva el Tribunal Constitucional pensándose lo del Estatuto de Cataluña. Sabes que a mí me van los textos más desenfadados. A veces los temas sobre los que uno redacta le vuelven al escritor serio. Yo creo que cualquier cosa bien documentada puede ir cargada de tu estilo propio, que es más desenfadado. Menos las esquelas, si me apuras.

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