Son las palabras que llenan una hoja

Una curiosa primera impresión

In 600 on 25 mayo 2010 at 0:09

El primer día de clase llegó tarde. Parecía que no se había peinado desde hacía meses: un enredo de pelo mal recogido que pretendía hacer pasar por coleta y unas horquillas que no tenían función alguna. Con el tiempo uno descubrirá la maravillosa casualidad de que sus pensamientos son exactamente igual que sus greñas: aparentemente recogidos, pero con vida propia. Llevaba unas gafas negras de pasta que le hacían parecer mayor, sus ojos marrones se escondían tímidamente tras cinco dioptrías y una cara de sueño imposible de disimular. Un rostro que fingía vivir ajeno a todo mundo exterior. Entró en clase, pidió perdón y anduvo con toda tranquilidad por delante de la profesora recorriedo la primera fila hasta colocarse bajo la ventana en uno de esos asientos incómodos que todo el mundo terminó odiando. Estaban colocados en las tres filas de un aula alargada con una sola ventana al fondo, tenían un color verdoso que en tiempos remotos debió de ser un tapizado medianamente ilustre y unos apoyabrazos de madera corroída por demasiadas promociones de alumnos que dejaron su huella. Cuatro años más tarde esa clase desaparecería tras la explosión de una bomba y ella salió por última vez casi con la misma tranquilidad con la que entró, sin dejar que los acontecimientos le afectaran más de lo estrictamente necesario.

Aquel primer día su ropa nada tenía que ver con su rostro: una camisita de cuadros conjuntada con un chaleco marrón, unos vaqueros pitillo que perfilaban unas pantorrillas casi invisibles y unos zapatos negros de punta. Llamaba la atención la ausencia de un gran bolso a la última moda para guardar lo que se supone que una puede llegar a necesitar el primer día de universidad, pero en su lugar llevaba una pequeña mochila de cuerdas bastante insignificante. A primera vista era un personaje bastante extraño, algo contradictorio.

En la salida pidió un cigarro y comenzó a hablar como si conociera a la gente de toda la vida. Su vicio es el tabaco, pero tiene otro peor: el café. Poco cargado y con leche fría. Es increíble la cafeína que puede llegar a ingerir a lo largo del día sin que su cuerpo sufra ningún tipo de efecto secundario. Su ritmo no se altera un ápice y vive a un ritmo exasperadamente lento. Parece que nada le hace perder la compostura y pocas veces levanta la voz.

Es una filósofa nata que de mayor quiere hacer reportajes de cosas insignificantes que convertirá en grandiosas; todo le causa inquietud y le encantaría recorrer el mundo con una cámara de fotos y una libreta para apuntar sus pensamientos, que son demasiados y se le olvidan a menudo. Los cafés con ella son interminables y no es raro terminar hablando acerca de qué es lo trascendental de las personas y el paso del tiempo, temas estos que parecen no asustarle en absoluto. Da miedo quedar con ella porque siempre llegará tarde, -su récord es no llegar- y por lo peligrosa que es cuando expone sus teorías: profundiza en exceso y lanzará una mirada escéptica si alguien osa contradecir sus opiniones, defiende su punto de vista hasta quedar exhausta; aunque al día siguiente siempre pedirá perdón si ha caído en la cuenta de sus errores. Siempre estará dispuesta a prestar su ayuda y siempre regalará una sonrisa a quien pase por su lado aunque sea lo último que desee hacer.

Dicen que nunca tendrás una segunda oportunidad para dar una primera impresión, pero hay veces que al quitarse las gafas aparece alguien fascinante. Un placer y un honor conocerte, Paula. Y muchas, muchas felicidades.

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  1. Llego tarde, es evidente, pero me consuela que el record lo tenga quien, según la columinsta, no llega. Emocionado artículo del que rezuma el cariño sincero y buena amistad que guarda con su colega. ¡Cuán cierto es que la primera impresión es la que cuenta!. Después de tantos años de amistad, la descripción del personaje es tan intensa como vívida la agudeza con que nos la narra la autora.
    Mi felicitación a la vez que le animo a que no deje de escribir, pues su manera de percibir las imágenes, impresiones y sensaciones externas y de hacerlas después literarias no está al alcance de cualquier autor.

  2. No sé porque mi comentario aparece como anónimo. Pero soy José Antonio. Un saludo.

  3. Alarde de recuerdos y de elocuencia, Lydia. Olé. Paula se sentirá reflejada, espero, porque realmente así es ella.

    • GRacias Willi, yo también espero haber conseguido ese reflejo

      • Gracias Lydia por el mejor regalo en el día de mi cumpleaños. Es sorprendente que, después de cuatro años, hayas podido reciclar un texto que escribiste hace tiempo. Qué poco cambian las personas… A mejor, claro.

  4. Felicidades a Paula, pero felicidades a ti también por ese maravilloso escrito.

  5. Ya echaba de menos a estas tres Seiscientas. En fin… Hoy, Lydia, me has sorprendido con este público regalo de cumpleaños para Paula (a quien aprovecho para felicitar). Es un perfil, no sé si trabajado, pero muy sincero, muy claro, muy todo. Me parece muy bueno, porque transparenta de donde viene: de una buena y grande amistad. Redondo. Creo que a Paula -ese era el objetivo, ¿no?- le gustará mucho. A los demás (y yo me hago portavoz de todos) nos ha encandilado.

    • Ya hemos vuelto!
      TRabajado está Jose Antonio, pero no he conseguido lo que quería, pero le di mil vueltas aunque ya sé que podía haber sido mucho mejor. Pero al final, lo que quería era felicitar a paulita, quien de hecho aun no se ha dignado a aparecer por aquí…

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