Son las palabras que llenan una hoja

¡Que le corten la cabeza!

In 600 on 2 junio 2010 at 17:46

Es fácil encontrar restaurantes italianos. Cocinas que se dedican en cuerpo y alma a cocer tallarines, raviolis, tortellini, fetuccini y cualquier cosa que termine en “i”; vocal con la que se construye el plural masculino en esa lengua, hermana alegre de la nuestra. Lo que no es tan fácil es dar con chefs que saben hacer pizza a la italiana, con la masa fina y crujiente, al punto de sal, aceite, prosciutto y mozzarella; y que encuentran su contradicción en los restaurantes basura que llevan por nombre el de esa comida que inventaron los romanos, que llevaban un pan cargado de tropezones variados a través de largas caminatas que les conducían a la guerra y a la muerte.

Mi familia dio con un buen restaurante de esos hace pocos años. Desde entonces, es uno de nuestros lugares favoritos de domingo, día en el que, si el Señor descansó, las familias decidieron reunirse para acabar hasta los cojones. Este domingo fue uno de esos. Mi madre está en París con mi hermano pequeño, así que la orquesta la dirigía mi padre, o la mal-dirigía para ser sinceros de boca y corazón. Mesa para siete, en el comedor del fondo, donde varios cuadros trazan a grandes rasgos azules la silueta de mujeres sin pudor. En una de las paredes hay ventanas y en la otra una pantalla gigante y apagada, cuatro veces más grande que la televisión encendida donde se ve la carrera de Fórmula 1. Cinco pizzas para sendos estómagos y dos arroces con almejas para quienes no fían el paladar a una tostada redonda. El bocado entra sólo, pasan las tres de la tarde y mi madre lleva en París varios días. En nuestra mesa rectangular se hacinan los platos, los vasos, los codos y las patadas por debajo; mientras que la de enfrente es redonda, sus comensales están holgados, son nueve y tres no pasan del metro de estatura. Resulta fácil distinguir los matrimonios, aunque no están sentados por parejas. Los tres niños a un lado. Después dos mujeres, tres hombres y una última mujer antes de volver a los niños. Una de las féminas se ha empeñado en cantar canciones de Bob Esponja, por si acaso íbamos a aburrirnos los comensales de todo el restaurante. Tiene poca memoria, ni siquiera se sabe el comienzo de un estribillo de siete palabras, pero aún menos sentido de la música y del ridículo. Si en lugar de esa, cantara la canción de los teleñecos, muchos la confundirían con la famosa cerdita Pegui. El hombre que hay a su lado está moreno, como morena y blanca tiene la melena. En la mejilla, como el casco de un soldado romano, caen firmes dos patillas de pelo plateado. Se levanta de un sobresalto. Estira el brazo. Apunta con el índice derecho a los niños: “¡Que le corten la cabeza!”. Se sienta. Se levanta y grita: “¡Que le corten la cabeza!”. Se sienta. “¡Que le corten la cabeza!”. “¡Que le corten la cabeza!”. “¡Que le corten la cabeza!”. Y al unísono, en el postre, los niños le arrancan de cuajo la cabeza al pingüino que escondía dentro helado de vainilla. Como conmocionado por el espectáculo de Alicia en el País de las Maravillas, se sintió reina de corazones. Después de su orden y el desorden que causaron él, su mujer y sus amigos, haciendo sonidos de cerdo, de cigüeña y de tortuga, si me apuran; indigestó al comedor entero.

Hay quienes viven para sus hijos y no dejan vivir al resto. Algún día, alguien hará de ese hombre un pingüino relleno de vainilla.

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  1. Me ha gustado, ya quisieran muchos con años de oficio encima tener esa frescura y facilidad para contar cosas. Joé con la becaria. Felicidades

  2. Llevaba tiempo sin asomarme a esta tribuna y, no se como, el ratón de mi ordenador me ha llevado irrefrenablementea 600 de favoritos y esto, lo último, es lo que primero me he encontrado y, debo decir, leído en un plis plas, dicho en román paladino. ómo se nota la influencia del escritor de “la tarjeta”. A la autora le gusta romper moldes, en cierto modo, escandalizar al lector para atraer su máximo interés, no tanto por la expresividad del lenguaje sino por la expresión dura y contundente. Recomiendo a la autora, si se me permite, que no tenga prisa por estimular al lector con oraciones retóricas como si del paraninfo de universidad se tratara.
    Muy bueno el texto, fresco y ágil. Se nota que está escrito de un tirón, en una arrancada y con inmediatez a los hechos que describe, aunque no creo que quien a grito pelado exigía la ejecución del pingüino, que ya estaba relleno, acabe con los años y perdida también la cabeza, abandonado a su suerte en un surtidor “d’essence” por quien a los postres emuló al Dr. Joseph-Ignace Guillotin.
    Enhorabuena

  3. Llevo ya un tiempo leyendo todo lo que escribís en el blog, incluidos los comentarios, y ya no me resisto a dejar uno yo, aunque solo sea para saludaros a todos (a todos los que conozco) y deciros que… ¡os echo de menos! Y por supuesto, Paula, me ha encantado tu escrito, y también todos los demás y los de Lydia y los de Joyce… aunque yo os admiro tanto que no sé si soy muy objetiva… ¡Un abrazo a todos! (bueno, uno para cada uno)

    • ¿Te acuerdas de que te debía una carta? Porque a mí no se me ha olvidado. Y aunque mis promesas son lentas, no por eso menos firmes. Gracias por leernos Irene! Un beso muy fuerte.

      • ¡Acordarme claro que me acuerdo! Aunque ya la daba por perdida… pero después de lo que has dicho volveré a esperar. ¡Un abrazo!

    • NOsotras también te echamos mucho de menos!!!a ver cuando vienes por Pamplona o Zaragoza!Y muchas gracias por el comentario.un besazoo

  4. Genial!

  5. Paula o Pérez Reverte? El primer párrafo me ha parecido brillante (aunaque con poca variatio respecto al verbo llevar en la última de las frases) El desarrollo odioso. Odiosos no porque me haya repelido, sino porque consigue hace odiar a esos asociales pantomímicos. El final, muy esperable. Disfruta de tus vacaciones y de tus prácticas.

    • Llevo corrigiendo el verbo llevar un momento, no me ha llevado mucho. Ahora el texto sobre lleva la repetición, camufada con sinónimos, que bien sabes que se llevan mucho en escritos limpios. Gracias desde la distancia, o desde el Diario de Navarra, donde llevo unos días trabajando. Espero que las vacaciones te sean llevaderas, el calor también, y que te lleves un buen sabor de boca de estos meses, que se pasan como si el viento se los.

  6. Guau. Verdaderamente impactante. No sé cuándo lo escribiste, ni qué sentimientos te zaherían, pero me ha encantado.

    • Gracias Guillermo. Ahora le he hecho un pequeño retoque, gracias a las correcciones de José Antonio y Lydia, aunque las de ésta no eran fáciles, y problablemente no lo haya conseguido. Lo escribí el mismo día en que lo publiqué. Mis sentimientos, ya sabes cómo soy Guillermo, no me hagas recordar mi mala leche…

  7. si quieres saber qué me ha parecido llámame algún día!!!!

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