Son las palabras que llenan una hoja

Los australianos y las vértebras

In 600 on 7 julio 2010 at 20:07

Me gustan los sanfermines, de hace setenta años. Cuando no había que esforzarse para distinguir a los toros entre los corredores. Y me gusta la gente, pero no los ciegos que lo son por afición. No desprecio a los borrachos, pero se vuelven lelos perdidos cuando se les suben a la cabeza los mismos grados que marca el termómetro en julio. Ni menosprecio los sanfermines, solo que los de ahora lo son cada vez menos.

Me gusta, que se me peguen las zapatillas a la acera allá por donde piso, el olor típico de las calles del casco viejo expandido por la ciudad entera, en el pelo de los turistas, en sus camisetas que nunca más serán blancas sino del color del vino tinto. Me gusta ver, las calles forradas con vasos de plástico y bolsas, de cristales, colillas, comida y personas que descansan. Gente joven, mucha gente joven. De aquí, de otras partes, todos bebiendo y de fiesta y me pregunto si yo invertiría más de 1.000 euros en viajar a este continente sólo para disfrutar de estas fiestas. Yo, que jamás he pagado más de lo que vale la villavesa para meterme de lleno en ellas. Nunca más de un euro. A mí, a quien le cuesta cerciorarse de que merece la pena intercambiar el Fantasma de la Ópera por 70 dólares. Luego pienso: claro, sí, cómo no va a merecer la pena. Con lo bonito que es Navarra, tierra de quizá no tanta diversidad pero una tierra hermosa, verde, marrón, gris, salvaje y culta. Sus valles sus selvas, su museo de los Sanfermines, su Pamplona restaurada y nueva, donde, quizá no tanto, pero todo merece la pena. Hasta las lechugas que crecen en los estanques que forma el río Arga.

Y me pregunto si por verla, pagaría 1.000 euros. Yo, que he pagado muchos miles más por ciudades más feas. Y puede ser, que si viviera en Australia, me decidiera a cruzar medio mundo solo para ver uniformadas a un millón de personas, para disfrutar de los bares, del vino y de las fiestas. Para disfrutar como si de un pamplonica se tratase. Pero al final sucede, como le ocurre a las serpientes, que el pellejo del turista cambia. Quería beber vino, y solo lo tragó; quería comer tortilla, y la vomitó; quería correr el encierro, y se arrastró por el suelo; quería dormir en el jardín, y lo hizo en una camilla. Quería sentir Pamplona, y la padeció. Como un burro, la ciudad aguanta, aguantan pacienten policías, basureros, personal de limpieza, camareros, naranjitos, edificios, establecimientos, ciudadanos, enfrentamientos, porquería, ruidos, malos tratos. Pero esta ciudad sabe darles su merecido a quienes abusan de ella en su fiesta más especial.

Da pena, pensar que San Fermín se llevará la vida de algunos, y no al cielo, precisamente. Resulta sencillo sentirse pamplonica al enfundarse cuello y cintura con un pañuelo y una faja, pero el hábito no hace al turista un pamplonica, que respeta y, aun sin quererlo, cuida la ciudad.

A la de una… A la de dos… A la de…la fuente al suelo, de Pamplona a Toledo y de zapatillas viejas a zapatos para siempre nuevos. ¿Para qué? Para siempre, para-pléjico. Después de ese, quiza no vuelva a saltar como los canguros de su continente. Uno, dos, tres toros por encima, una, dos, tres vértebras rotas por debajo. Dieciocho años sanos a una espalda que está grave. Nicholas, venido de la misma Oceanía, como la australiana de 26 que dejó el cerebro en su país y el cráneo en alguna acera de esta ciudad que sabe defenderse.

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  1. Hola Paula. Prometí visitar este rincón y he cumplido.
    Tristemente tu artículo sobre vértebras y zapatos nuevos para siempre, refleja la realidad de nuestra fiesta.
    En ella hay espacio para todo, incluso para la estulticia y el drama.
    Enhorabuena, feliz verano.

    • Y yo, ojo pirata. Hola Javier. Gracias por sucumbir a mi pesadez. Creo que ya lo dije, pero el final podía haber sido el siguiente: “Una ciudad que no perdona todas las locuras”. La idea es la misma. El final, menos violento. Pero a mi, como a tantos otros, me causa dolor de estómago pensar todo eso. Feliz fin de verano.

  2. Hola Paula,

    Seguro que este es el peor sitio para hacerlo, pero te quería felicitar por tu relato “Su camino y el mío”. Me regalaron (alguna ventaja tiene tener una web sobre el camino) el libro y lo me leído de un tirón. Para mi el tuyo se merecía el primer premio, el más sugestivo y el menos empalagoso. Te lo quería decir por mail, pero se ve que eres una chica inteligente (que si no se fía de sí misma, cómo se va a fiar de los demás) y no lo he encontrado.

    Un saludo.

    • Muchas gracias Joan. De ti, hombre, de ti sí que me fío…
      Siento contestar a estas alturas, pero una bacteria se me metió dentro del ojo derecho el día 14 de julio y me ha hecho un buen estropicio. Desde hace solo unos días puedo leer y escribir, pero apenas más de media hora, así que tengo mi afición y mis deberes bastante abandonados. Me alegro un montón de que te haya gustado el relato del Camino de Santiago. A diferencia del resto, el mío es más literario. El estilo que, sin lugar a dudas, más va conmigo. Espero verte por este blog, aunque sea sólo con un ojo, y, sobre todo, poder leer comentarios tuyos en los escritos por los que te dejes caer. Un saludo fuerte.

  3. Hola Paula. Acabo de entrar en el blog por pimera vez y me ha gustado mucho la columna del 7 de julio. Te seguiré la pista. Un saludo.

    Cuéntate la vida http://cuentatelavida.blogspot.com

  4. Muy grande Paula, de verdad. Gracias por este gran retrato de tu ciudad y de las fiestas; y te lo dice alguien que en el momento que las descubrió le fue imposible abandonarlas. Alguien de esas que, como dices, terminan tirando toda su ropa a la basura después de las fiestas, lo que convierte en una tradición más ir a comprar ropa blanca a inicios de julio (la faja y el pañuelico los mantengo desde el primer día); alguien a quien le gusta llegar a casa hecha una basurilla después del chupinazo, a quien le encanta emborracharse en la vuelta del Castillo después de los fuegos artificiales y aguantar la marcha hasta las 10 de la mañana. Pero también alguien que se emociona el día 6 al grito de VIVA SAN FERMÍN, GORA SAN FERMÍN, que le asombra ver que una ciudad entera se viste para la ocasión todos los días de las fiestas, mascotas y bebés incluidos. Alguien a quien le gusta ver buenos corredores en el encierro y alguien a quien no le gusta nada ver cómo una panda de borrachos se echan encima de las vaquillas o se rompen la crisma desde una fuente. Allá ellos. Y olé por aquellos quienes disfrutan de unas fiestas de verdad, te lo dice alguien que ya las siente como suyas

    • Cuántas gracias Lydia, es verdad; un sentimiento raro que se repite una semana al año y que, esta vez, he podido disfrutar contigo. Aunque haya sido solo un poco, el tiempo, no las ganas.

  5. Hola, Paula!!! Una alegría volver a leerte y más, si cabe, en una de las noches más calurosas del julio cesaraugustano. Acabo de ver las últimas bocanadas de un reportaje sobre los “sanfermines” en “La 1” (“La pública”, dicen) y, desde luego, he contemplado en imágenes lo que tú me has enseñado con las huellas escritas de tu palabra ágil. Totalmente de acuerdo: Pamplona sabe defenderse. Pamplona es grande y lo es todo el año; no sólo cuando se acercan los que la salir de su país no sólo se quitaron su sombrero sino que, con él, olvidaron su cabeza (plagiando a Chesterton…). Espero que tu verano vaya bien y que tus prácticas no solo transcurran, sino que vuelen. A cuidarse y saludos a todos…

    • Bienvenido José Antonio. Feliz verano a ti también, y todavía felices fiestas. Qué gusto saber que estéis donde estéis siempre encontráis un hueco para leer estas cosas. Después pensé que el final era un poco duro, digo la última frase. “Sabe defenderse”, pero también “una ciudad que no perdona todas las locuras” habría estado bien. Pero hacerlo ahora es tanto como prenteder cambiar el color de ojos de un hijo. El calor no aprieta tanto ahora, y las prácticas, aunque algo más lentas en los últimos días, van pasando. Tengo ganas de veros a todos. Un beso muy grande.

  6. Uhm. Bastante descarnado, por decirlo de algún modo. Veo grandes ideas, y tu estilo se mantiene. Bailan varias comas; y tanto tetrapléjico como para-pléjico con jota.
    Pero bien!!!

    • Ya estamos. Ya estamos con las comas, las ejes las ges las jotas aragonesas, navarras que tanto se bailan estos días. jaja! En broma lo digo, Guillermo, y por tanto bien en serio. Correjida la falta, quiero que sepas que las comas (salvo un par en el último párrafo), cayeron ahí con intención, no por descuido. ¿Te parece que he jugado sucio con la sintaxis, que no me lo perdonas?

    • Corregida la jota, ni aragonesa ni navarra, y un par de zancadillas en el último párrafo, ¿no vas a perdonarme el resto de comas? ¿Eres tan legalista que no vas a dejarme jugar a la sintaxis nada? ¡O, mis reglas del juego son tan malas?

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