Son las palabras que llenan una hoja

El penúltimo regalo de Argentina

In Calamares en su tinta on 17 enero 2011 at 8:31

Si llevas mucho tiempo viviendo en un lugar extranjero ,los últimos días son caóticos porque te das cuenta de que te quedan mil cosas por hacer; obviamente, lo has dejado todo para el último momento. Esta vez no iba a ser menos y llevo una semana recorriendo Buenos Aires para comprar regalos y postales a todo el mundo, aspecto, este de los viajes, que odio con todas mis fuerzas. Sin embargo, una vez que has encontrado algo para una persona, hay una fuerza sobrenatural te lleva irremediablemente a comprar para todos, hasta para ese tío que hace cuatro años que no ves, pero que sabes de todo corazón que está esperando su imán del tango porteño para la nevera o esas horribles encarnaciones del diablo de “Me gasté todo mi dinero en Argentina y sólo me llegó para comprarte media taza”.

También me he dado al estudio de la guía turística por primera vez para sorprenderme de todo lo que me queda por visitar, así que salgo con la excusa de hacer algún recado y voy al Obelisco a sacar las fotos que no he hecho en seis meses. Ayer paseaba con una amiga por nuestro barrio descubriendo atónitas las iglesias que nos rodeaban, por las que habíamos pasado todos los días, pero nunca habíamos entrado. Hay una en especial a la que le teníamos ganas, la Iglesia libanesa maronita de Buenos Aires. Llegamos a la gran escalinata de la entrada, que siempre llamaba la atención porque es un choque entre tanto rascacielos y puesto de choripan; subimos los peldaños decididas porque siempre estaba cerrada y fue nuestro día de suerte. Llegamos al portón y vemos a dos sacerdotes oficiando misa a tres fieles (ni uno más ni uno menos); parece que San Marón no tiene mucho fan por aquí. Y ahí que nos quedamos, pasmadas en la puerta…

– Hay misa.

– Ya lo veo.

– ¿Tú crees que aquí nos tenemos que santiguar?

– No sé, hay una cruz, pero es rara…

– Bueno, entramos, una genuflexión rápida y nos sentamos al fondo.

– No sé, no me convence… ¿Y si no es de las nuestras?

– Mira, esperamos a que termine, hablamos con el sacerdote y que nos explique.

– ¿Y qué le preguntamos: ustedes son más de Isaac o de Ismael!

En fin, que preferimos no ofender a nadie y volvimos a bajar cabizbajas hasta que nos topamos con un enorme cartel que decía Culto CATÓLICO todos los días a las 19 horas. Así que volvimos a subir muriéndonos de la risa, pero un poco más sabias en esto del maronismo; sin embargo, uno de los párrocos había visto toda la jugada y no la entendió, sólo reparó en dos taradas que iban, venían y parecía que no mostraban mucho respeto. Así que nos hizo un gesto nada amable invitándonos a no profanar suelo sagrado. Y por enésima vez, no pudo ser. Bueno, siempre hay que dejar algo para volver a Argentina.

Más allá de la anécdota, si lo que todos piensan es si les he comprado algo, la respuesta es que creo que sí, estoy casi convencida de que tendrán, al menos, un alfajor. Aunque con mi simple vuelta debería bastar. Espero que esto sirva como despedida porque no me quiero poner sentimental y prefiero contar historias sin mayor trascendencia que la de haber provocado una carcajada y un buen recuerdo.

•••••••

Y como ya no tengo nada más que decir y me faltan palabras para terminar, aprovecho para hacer publicidad de la nueva iniciativa de mi compi, la pequeña empresaria Zubiaur. Entren y compren pegatinas o voy a tener que pagar yo su mal humor.

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  1. Bonito, Lydia. Cuánto has aprendido.

  2. ¿Título? El último regalo de Argentina

  3. Creo varias cosas. La primera es que has soltado, ¿de tirón? un escrito fabuloso. Mira la frase tan larga que has puesto al principio, sin puntos ni comas ni un puñetero espacio para respirar más allá del traking de las palabras; y mira sin embargo lo bien que te ha quedado. Cada día descubro una novedad en tu ingenio, Lydia. Y soy poco dada a los piropos. La segunda cosa que creo es que has mezclado varias ideas y las has conectado de manera impecable. Como un puzzle (¿aprobaría esto la RAE?) de mi hermano Miguel. La tercera cosa que creo es que te voy a regalar una pegatina, para que la vayas poniendo en el libro del carnet de conducir que vas a comprarte nada más llegar. Y la cuarta cosa en la que creo es en Dios, si bien no tanto en ese santo con un templo sacro en la Argentina. Por cierto, voy a hacerte también un regalo. Y voy a atreverme. Tiene que ver con tu columna. Me conformo con que te guste una tercera parte de lo que me ha gustado a mi tu escrito. Te espero con ganas.

    • Primero, me encanta tu regalo, creo que has acertado por completo, a mí sólo se me ocurrían cosas demasiado ñoñas.
      Segundo, últimamente me da igual lo que diga la RAE, como vez, voy a seguir poniendo SÓLO con tilde, porque estoy fielmente convencida de que hay momentos de duda.
      Tercero, muchísimas gracias por tu comentario, me ha animado mucho porque no estaba yo muy contenta con la columna, quería contar la anécdota y no me salían las palabras, así que, me gusta que te guste

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