Son las palabras que llenan una hoja

Patagonia Express

In 600 on 19 enero 2011 at 3:11

Se hace llamar Lenny porque casi nadie sabe pronunciar correctamente su verdadero nombre. Va a estar viajando durante un año para aprender español y a la vuelta a casa continuará con un puesto de trabajo asegurado porque cuenta con el apoyo de sus jefes, que dicen que cada vez llegan más hispanohablantes y es provechoso que alguien conozca el idioma. Suele mirar el pequeño diccionario cada dos minutos para entender lo que cuenta Lorena, la guía turística, mientras cruza el valle de Los Penitentes, una formación rocosa de los Andes que, con algo de imaginación, parece una procesión de monjes hacia la puerta de una catedral gótica. Es un chico pequeño y luce un moreno heredado de su padre, quién huyó en barco desde Filipinas hace ya muchos años; no lo ha visto en Navidad porque pasó las vacaciones en Bolivia.

Lenny es noruego y trabaja en una prisión.

Roger tendrá más de treinta y menos de cuarenta años, él no lo dice y nadie le pregunta. Conduce un autobús de ruta que serpentea los Andes, escucha cumbia y regetón  para animar el viaje a los turistas que pasa a recoger todos los días a las siete de la mañana y lleva un sombrero del oeste por el que asoman greñas rubias y alguna que otra trenza despellejada. Bromea por las estrechas carreteras soltando las manos del volante porque podría recorrer el camino con los ojos cerrados hasta que el Parque Nacional del Aconcagua lo permite, más allá no pasan vehículos, sólo el helicóptero de salvamento. Aconcagua significa “centinela de piedra” y lograr robarle al cielo 6962 metros; cada año entre diciembre y marzo acuden a coronarlo unos cinco mil andinistas y sólo un diez por ciento logra alcanzar la cima.

Roger ha saludado desde allá arriba veinte veces.

Jonh descansa unos días en Bariloche y pasea tranquilo por las inmediaciones del lago Nahuel Huapi después de haber recorrido Argentina de punta a punta. Es uno de los muchos suizos de la parte alemana que están viajando últimamente al país. No llega a los treinta años ni de casualidad; domina el inglés, el francés, el alemán y el español, éste último lo aprendió “paseando por La Habana”, como quién no quiere la cosa. Dejó su cómodo trabajo en un banco del maravilloso paraíso financiero en el que vivía para conocer mundo y con su inseparable mochila de montañero y su gorro a lo serpa no se arrepiente de nada.

John lleva diecisiete meses viajando solo, comenzó en el Tibet y todavía no tiene ganas de volver a casa.

El dilema está claramente resuelto aunque ellos quieran evitarlo: Jonh robó el banco suizo en el que trabajaba para pagarse el viajecito y ahora no puede volver porque está en busca y captura, pero como a los suizos no les gusta meterse en problemas fuera de sus fronteras, han contratado a Lenny para que le sigua la pista enmascarado de inocente joven aventurero, lo arreste y se lo lleve a la cárcel noruega en la que trabaja. Y, mientras tanto, Roger es un agente secreto de la CIA que está investigando la causa de que haya tantos hispanohablantes a las cárceles escandinavas como para que sus funcionarios deban aprender español y el hecho de que tantos suizos alemanes viajen a Argentina, porque sospecha un riesgo de invasión… No, mentira. Roger no tiene nada que ver en esto, simplemente sigue disfrutando de sus paseos y de su música y se vuelve a preparar para clavar la bandera número veintiuno en la cima del Centinela. Es argentino, ¡qué se le va a hacer!

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  1. En vez de “sino” quería decir “si”, por supuesto.

  2. No sé qué es mejor, sino la tan bien urdida estructura, o la historia de película. Bravo.

  3. Muchas gracias, Lydia. Espero que esta no sea tu última crónica argentina. ¿Tienes que cursar Periodismo Literario? Si es que sí, ya tienes todas las historias que habrás de contar. Esta entrada da para un libro. Espero verte prontico. Mientras tanto, disfruta de la familia y de Zaragoza.

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