Son las palabras que llenan una hoja

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Y dicen que las segundas partes nunca fueron buenas

In Calamares en su tinta on 16 marzo 2011 at 16:53

Escribo por varios motivos: no puedo dormir y hay parón en todas las series que sigo, este blog está en coma y hay que revivirlo, Iker me ha dado envidia.
Así que voy a hablar de Huesca, aunque estéis hasta las narices, pero es mi blog y hago lo que me da la gana; suerte tenéis de que sólo pueda escribir seiscientas palabras.

Otro año no dormí por culpa de Paula y fui la única que llegó al autobús sin quejarme del madrugón, no hice una conga porque estaban los de tercero y no había confianza. Mi gozo duró lo que le costó al conductor enchufar la tele, gracias al gracejo de Carolina con los innovadores y rompedores aparatos electrónicos del momento. Véase mando a distancia. Pero tras Indiana Jones y las curvas de Yesa llegué. Exactamente al IES Pirámide, del que prefiero no hablar porque daña seriamente mi sensibilidad… Al final, ahí estaba otra vez HUESCA CONGRESOS, a lo Holliwood, pero a nivel usuario, porque uno se puede subir en la U, en la E y en la C. Como veterana sabía lo que me esperaba si entraba tarde al auditorio, así que planté todas mis pertenencias en una buena butaca VIP con enchufe, cerca de la salida y del escenario; pasé del merchandaising, que se había visto seriamente afectado por la crisis y no era un asunto urgente. Y comenzó el congreso. Creo que coincido con los asistentes de FCOM cuando me quedo con la profesora de la Complutense que intentó desbancarnos como mejor facultad de periodismo y eso está muy mal, con la charla de los políticos, no por ellos, sino por las circunstancias, y con los calcetines de Ramón Lobo, quien fue otro año más mi preferido; Paula y yo le saludamos como a un amigo de toda la vida porque le entrevistamos el año pasado y nos crecimos; él, educado, nos devolvió el saludo sin ocultar una mueca de desconcierto a lo “¿Vosotras quiénes narices sois?”.
No comento las comidas porque me pongo triste: Abadía las Torres fue desbancada por un catering que no sé de dónde traía la fruta porque NO, no estaba buena y NO, no somos unas sibaritas. Al vino sí que le puedo dedicar unas palabras porque es lo único que nunca defrauda; ni sueño me entró y eso que hubo algún ponente que se ganó a pulso los bostezos.
Llegó la noche, y con ella, más vino, más copas y EL FUTBOLÍN. Ese hito, ese símbolo, ese núcleo de reunión que desgraciadamente fue relegado a una esquina del bar en pos de “Los del Huerto”, no pongo ni enlace, imaginaos. Hubo decepción en las miradas, tristeza en los rostros, peligro de suicidio, incluso alguien insinuó ¡cambiar de bar! La situación necesitaba una solución extrema, urgían unos chupitos de tequila… Y hasta aquí puedo leer.
Sé lo que estáis pensando: que ese congreso es puro cachondeo y que este blog solía ser más serio. Es que falta la conclusión final, breve, pero contundente.
El periodismo está en crisis porque los valores están en crisis y Twitter está muy bien, pero no va a solucionar los problemas; así que o nos ponemos las pilas o mandamos el currículum a McDonals. El llamado periodismo ciudadano no existe (son los padres), es simplemente opinión pública. Por eso no hay que llamar al otro, al nuestro, al de verdad, periodismo profesional, porque es periodismo, sin adjetivos. Da igual el soporte, lo que importa es lo que se hace y, más aún, cómo se hace. Superaremos la crisis porque si no, el PERIODISMO, con mayúsculas, habrá fracasado.

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