Son las palabras que llenan una hoja

Las aventuras que me perdí

In 600 on 3 octubre 2011 at 2:27

He decidido hacer deporte y tras varios días de cábalas y muchas excusas para retrasar ese momento, concluí que lo mejor era la natación. El sábado fui a la piscina porque yo SÉ nadar. Pues resulta que nado mal… Así que en ello estoy. Esa misma tarde, un buen amigo y asiduo de estos lares me recomendó que viera una tertulia de Arturo Pérez Reverte y Jacinto Antón en la Autónoma de Barcelona; entre otras muchas cosas, hablaron de libros y me dieron qué pensar. Hoy, en su columna, Reverte también reflexionaba sobre la lectura y me ha vuelto a dar qué pensar. Seguramente no entendáis qué tiene qué ver el cloro con la literatura, pero ahora mismo lo vais a entender: yo SÉ leer, pero resulta que leo mal. O al menos, leí mal hace mucho tiempo.

Suelo devorar todo libro que cae en mis manos, estoy abierta a toda clase de recomendaciones y pido consejos muy a menudo. Sin embargo, mi criterio para sentenciar si un libro vale o no es muy simple: si engancha en las primeras páginas es bueno, si no, lo desecho. Y debo decir que el método pocas veces me falla. El factor no es simplemente el entretenimiento porque el best seller de turno o la novela policiaca tradicional las leemos todos. Pero siempre hay algo, aunque no sepa qué es, que me incita a avanzar, aunque el libro sea aburridísimo; la mayoría de las veces, es ese algo lo que lo convierte en un buen texto.

De pequeña aborrecí los libros hasta que un verano mi madre me tiró uno mientras intentaba dormir la siesta y me dijo: “Haz algo y lee, por lo menos”. Era La Piel del Tambor y yo tenía diez años. Los que me conocen, ahora entenderán la estima que le tengo a don Arturo. Simplemente, porque gracias a él, empecé a leer y descubrí que me encantaba. Pero claro, si fue ese mi primer libro, significa que me perdí mucho; me perdí las aventuras de Tintín, de Zipi y Zape y de Los Cinco, sólo conocí a Superman y a Batman por las películas y nunca leí Moby Dick. Y ahora ya no es lo mismo porque nunca jugaré a la búsqueda del tesoro ni me acostaré pensando en descubrir los nuevos mundos de esos libros que no leí.

Lo que leí a continuación fueron el resto de novelas de Reverte porque eran una apuesta segura. Luego apareció el gran mundo de “los más vendidos” y “novedades en libros de El Corte Inglés”, de ahí, que empezara a establecer un criterio. Con Harry Potter (yo lo empecé tarde) gasté muchas horas, de las que no me arrepiento en absoluto, puede que descubriendo esas aventuras perdidas de mi infancia. Después fue la universidad y Platón, San Agustín, Kant, Marx, Kierkegaard, Nietzsche y un largo etcétera que, como imaginaréis, también me hizo pasar noches en vela. También llegó el periodismo de guerra y el hallazgo de Ramón Lobo. Y ahora, que ya me toca volver a hojear esa piel de tambor que empiezo a olvidar me doy cuenta de que me faltan tantos clásicos que no sé por dónde empezar. Me falta Dostoievsky en particular y Rusia en general; Gogol fue el comienzo y pinta bastante bien. Me faltan Los Tres Mosqueteros, me faltan James Joyce y Dickens. Me faltan tantos que me agobio yo sola. A veces, sigo dudando entre Lope y Quevedo, entre Góngora y Calderón o entre Valle Inclán y Azorín…

Puede que esto de que no sabía nadar tan bien como pensaba haya sido toda una revelación.

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  1. […] convencida de que sea una buena razón para comprar dicha obra, al menos para mí. Ya comenté en una ocasión que yo leo mucho, pero me faltan vidas para leer todo lo que me gustaría, además de estar muy pez […]

  2. Es curioso… Me uno a la recomendación del ilustre Guillermo. De la Rusia de los realistas no queda ni la geografía. De la que le siguió, determinados usos mafiosos y el recuerdo de las “cebollas egipcias”. Sin embargo, los grandes siguen siendo grandes. Es verdad que ya estamos lejos, pero, ¿por qué no leer en común y compartir en un blog?
    Un abrazo, amigos

  3. Me gusta mucho el comienzo: un acertado símil que realmente atrae al lector y que cierra el texto con sutileza. Por favor, suple pronto esa carencia dostoievskiana -y rusa en general-. De verdad: acude a los realistas.
    Gran entrada.

    • Estoy leyendo El Idiota… Te pensaba escribir cuando lo terminara, pero me está costando más de lo que pensaba… 😦

      • Hum, yo me lo releí justo este verano. Tienes que cogerlo con calma, y entender que la historia tiene sus partes como separadas. Que si el príncipe se va a Moscú, a Petersburgo… fíjate en cada parte como un todo. Y emociónate con cada diálogo.

        De todas formas, si te supera, siempre puedes volver sobre Crimen y castigo, por ejemplo.

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