Son las palabras que llenan una hoja

¿Hasta cuándo?

In A tinta fría on 16 abril 2012 at 12:46

Da igual cuánto tiempo pase, la edad que tenga o el tiempo que haga.  Hay cosas que no cambian nunca. Como el levantarme todos los días con la diatriba de abandonar las sábanas definitivamente o sucumbir a los brazos de Morfeo. De pequeña pensaba que, de mayor, habría adquirido hábitos que contribuirían a evitarme los dilemas desde tan temprano. Pero no ha sido así. Ahora tengo más dilemas, de mayor envergadura y a todas horas del día.

Desde que comenzó el año estoy a dieta. Ya sé que es lo típico que se dice el 1 de enero cuando a uno no le cabe más turrón en el cuerpo. Pero yo me lo propuse el 9 de enero y he cumplido bastante bien: van 9 kilos (esperemos que el 9 no sea un presagio).

Mi dieta no es la Dunkan, tan alabada y desprestigiada según se hace y deshace. Mi dieta es la NUNKAN: nunkan más comeré azúcar, aceites, fritos, embutidos y nunkan más me iré a la cama sin haber hecho ejercicio. Más que una dieta es “un plan alimenticio” que debo seguir hasta que la muerte nos separe.  No me quejo porque coma poco, ni por el menú, ni por el ejercicio… ¡Bueno un poco sí, pero no es eso lo peor!

La cuestión es que ya han pasado 3 meses largos y sigo levantándome a diario con la duda de si hoy haré o no haré bien el régimen. Cada vez que me acerco a la cocina me pongo nerviosa y valoro una y otra vez las consecuencias de probar esos dulces o comerme una deliciosa y acartonada “tostada” de arroz rancio que solo sabe a sal. Y repito el proceso innumerables veces, cada vez que me corresponde hacer una de mis cinco comidas (ya sé, cinco parecen muchas… pero no lo son).

Cada vez que me invitan mis amigos a hacer un plan: otro dilema. Si voy, como lo que comen todos o me hago la rara con un filete y ensalada. Voy comida, cenara y recenada o me expongo a no encontrar un menú que se ajuste a las exigencias de mi guión… Me lo como, no me lo como. Me quiere, no me quiere.

A ver, tres meses son muchos días… Pensé que con el tiempo amaría el deporte y que en tan solo un par de semanas correría cual gacela liberada de Cizur al Perdón, ida y vuelta, varias veces. Pero no. Todavía no corro y, cuando lo intento, parezco más una gallina alborotando un corral que un antílope.  Camino, a buen paso, eso sí, mientras paseo a mi perra: a ella es la que más ha notado mi nuevo plan y mi cómplice en mis exhaustivas caminatas. Ella también ha bajado de peso y parecen encantarle nuestro paseos. A mí siguen sin gustarme. Aunque baje de peso.

Eso es, por ahora lo único que ha cambiado. He bajado.

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  1. Sigue adelante Joycita!! Eres todo un ejemplo y estoy muy orgullosa de lo que has logrado. Doy fe de que no es fácil, y que hacer esto requiere mucha templanza y autocontrol. Ya se que no te gusta que lo diga, pero esto sólo es el comienzo. Antes no podías dar dos pasos, ahora pareces la gallina turuleca, pero de aquí a la boda de Paula espero que ya estés saltando tan ágilmente como una gacela. Como dice tu amiga, te vas haciendo virtuosa y aunque no lo creas no es solo en esto sino en muchas otras cosas……..

  2. ¡Buen trabajo! El hecho de llevar tres meses apunta a algo: que te vas haciendo virtuosa (aunque no te des cuenta)

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