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La estación de tren de Glasgow

In 600 on 16 septiembre 2012 at 18:02

Llegamos ahí de casualidad, en busca de direcciones. Las estaciones de tren son un buen lugar en el que encontrar mapas gratis; y a decenas de personas que te ayuden a interpretarlos. Él se metió a un kiosko a ojear una revista, así que me perdí por la estación.

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FOTO: CHALMETA

La Estación Central de Glasgow es mil veces mejor que de La Invención de Hugo. Y con un guión mucho más fascinante –tarea nada complicada- basado en la historia de los millones de pasajeros que se pierden en su explanada principal. El hall está adornado por un reloj que cae desde la armadura metálica que sostiene un tejado acristalado. Nada llamaría la atención sobre él si no estuviera en el centro. Ni siquiera vive ahí un Hugo que lo arregle. A pesar de todo, el cronógrafo es famoso porque solo el año pasado cruzaron bajo él 38 millones de viajeros. Tengo que detenerme en el reloj porque es un clásico de las estaciones de tren. En su pendiente desde el tejado le acompañan varias lámparas de cristal que otrora guardarían el calor de una vela o de una mecha sumergida en aceite. Hoy brillará en cada una un puñado de leds, sobre todo desde que el invento de Edison desaparece de Europa. Pero todo esto son sólo conjeturas. Visité la estación de día y en ese momento no me importaban las bombillas.

Hay rincones de la estación que al menos llevan ahí desde que en 1879 se inaugurara el edificio. Los comercios que se amontonan a un lado de la explanada conservan la fachada de madera. Casi todo son franquicias que escriben su nombre con gusto dorado. Encuentras hasta un Burguer King. Incluso un hotel, el Grand Central Hotel, abierto cuatro años después de inaugurada la estación. Tiene ese mismo número de estrellas, alguna más cuando lo visitaba Frank Sinatra, John Fitzgerald Kennedy o Winston Churchill.

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FOTO: CHALMETA

Las vías del tren entran en la estación a la altura de los pasajeros. Casi pueden tocarse, como en la película de Scorsese. Uno de los mayores encantos de este lugar de paso es ese contacto entre la máquina y el viajero, del todo perdido en las ciudades grandes españolas. En la estación de Sants en Barcelona, por ejemplo, tienes que invertir media hora en cruzar los controles antes de hacer cualquier otra cosa. En Glasgow sólo hay unos tornos, como en el metro. Ves a los trenes descansar. Saludas a los maquinistas. Disfrutas del ritmo de los escoceses.

Si viviera en Glasgow iría ahí de paseo. Vería los vagones llenarse de pasajeros y al revisor agujerear los billetes. Habría quienes perderían el viaje por retrasarse en el kiosko leyendo algún periódico

En total hay 15 vías que salen del edificio situado en el corazón de Glasgow. Al poco tiempo de salir, cruzan por un puente el río Clyde, que penetra en la ciudad como una raíz de agua proveniente del océano Atlántico. La estación es tan grande que llega hasta esa grieta azul que parte en dos la ciudad más grande de Escocia. Después sólo quedan de ella los caminos de metal que la unen con el resto de estaciones. En ese caso con muchas, porque la Estación Central se considera el término norte de la línea principal que recorre la costa Oeste de Gran Bretaña.

En 2009, el edificio ganó dos premios, el National Rail Award Major Station of the Year y el Overall Station. Además, está considerado una de las medio millón de maravillas arquitectónicas de Reino Unido. O, como a los ingleses les gusta decir, un ‘Listed Building’ de categoría A.

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