Son las palabras que llenan una hoja

En clase con el profesor Alvira

In 600 on 13 junio 2013 at 9:14

Me enteré de que el profesor Alvira había dado su última clase leyendo una noticia en la web de la Universidad. Cuando me lo crucé en el antiguo edificio de Bibiliotecas, yo bajaba las escaleras y él hacía lo contrario. “Don Rafa -le dije. Nunca he sabido cómo llamarle, así que siempre mezclo el protocolo con la amistad- he leído que ya no dará más clases”. Él tenía un poco de prisa, así que no recuerdo bien qué me contestó. De pronto me acordé de cuántas veces llegaba un poco tarde para darnos clase. Aunque la mayoría de días llegase antes que yo.

La primera vez que le vi entrar en el aula me pareció un hombre muy mayor. Yo tenía 18 años y él podía cumplir 70. Al dar un brinco sobre la tarima de madera para apoyar sus libros en la mesa se me antojó menor y más joven aún cuando observé sus manos, sus dedos largos y regulares que tantas veces veríamos sobrevolar su busto para ilustrar algún pensamiento.

Su voz era baja, como afónica. Como si no le quedara fuelle tras décadas avivando el fuego de los pupilos que tenía enfrente. ¿Cómo íbamos a coger apuntes? Siempre había que girarse para ver si había pillado algo el de al lado, agobiado con el mismo problema. A la hora de estudiar, pequeños huecos en blanco representaban aquellos silencios y complicaban los argumentos.

Rafael Alvira fue el primer profesor en darnos clase en el césped del Campus. Luego he visto a muchos otros imitarle. Nos sentaba en círculo entre los árboles y junto al pozo que decora el césped de camino al edificio Central. Él se sentaba sobre una pila de libros, aunque perdía el equilibrio y acababa en la hierba. A partir de sus clases, aquel sería para siempre el pozo de Tales, en memoria del primer filósofo de la Historia quien, embebido con la contemplación de las estrellas, se cayó en él ante las risas de una esclava tracia que no se sabía muy bien que hacía por ahí. “¿Sabéis por qué Tales fue el único que se cayó dentro del pozo?”- preguntó una vez Alvira sin darnos tiempo para que ofreciéramos una respuesta. “¡Porque todos los demás ya estaban dentro!”. Como dentro, pero de la caverna, estábamos todos nosotros y adonde el profesor venía a rescatarnos.

Lo que mejor recuerdo de sus clases es el pensamiento de Platón, heredado de Sócrates; ese mito de la caverna, La República, el logos y la praxis, la segunda navegación… Aprendimos que las cosas son lo que son, aunque se nos representan de falsa manera. El ser de Parménides o el fluir de Heráclito se mezclaban con amplias sonrisas o enfados de un profesor que nos hablaba como a alumnos de Primaria. Y es que estábamos muy dentro de la caverna. También sus ejemplos eran sencillos: hablaba de una gran tarta de fresas con nata o de una foca con corbata para desmenuzar no sé qué.

En primero de carrera nos descubrió a los Filósofos Antiguos y, más adelante, impartió un bloque de Textos Filosóficos. Me acuerdo muy bien de no haberme leído ni uno sólo de los textos que nos trajo fotocopiados. Había tantos folios que se retorcían dibujando varias eses en el plástico del que nunca salieron. Creo que saqué un 8 en esa asignatura. Y es que, por encima de buen maestro, el profesor Alvira es una genial persona.

Guardamos frases de sus clases en nuestra sección de FILORIODISMOS, como que “El saber es esa salsa que está en el fondo del plato de la vida”.

Foto: MANUEL CASTELLS

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  1. Uan gran persona, qué duda cabe. Me ha gustado eso de “De pronto me acordé de cuántas veces llegaba un poco tarde para darnos clase. Aunque la mayoría de días llegase antes que yo”, jaja.
    Ah, y quítale la tilde a “aquéllos silencios”…
    ¡Que resucite el blog, please!

  2. De Don Rafel hay que mencionar, necesariamente, la sonrisa, tan única, tan suya, tan Alvira.

  3. Ay!!! Me has emocionado mucho Pauli! Me has traído muchos recuerdos del profe Alvira, como lo llamo yo, también mezclando respeto y cercanía. Qué grandes sus clases!

    • No sé cómo lo hacía, supongo que a la antigua, como esos filósofos, pero ¿verdad que captaba la atención sin utilizar nada más que su voz? ¡Al diablo con las TIC! jaja

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