Son las palabras que llenan una hoja

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Vuelta a los escenarios

In Calamares en su tinta on 28 septiembre 2015 at 15:08

Como bien sabéis, hace mucho tiempo que no escribo. Años. Así que pido perdón. A vosotros que siempre habéis sido fieles lectores, a quien está a mi lado animándome incansablemente a escribir; pero sobre todo, a mí misma, porque creedme que he sido la mayor perjudicada de mi ausencia literaria. Sin embargo, nunca cejé en la costumbre de llevar conmigo una libreta en el bolso, en cuyas páginas, desgraciadamente, no se ha anotado una palabra en treinta y ocho meses, salvo alguna lista de la compra. Se siente degradada y yo me compadezco por ella, la entiendo. Pues bien, paradojas que ocurren, en estos momentos estoy escribiendo en un folleto del castillo de Olite que visité hace un par de semanas porque la vida se ríe de mí y la inspiración me llega sin libreta a mano. Doy gracias por tener un bolígrafo porque el lápiz hubiera supuesto mi desesperación al intentar garabatear en papel cuasi-plastificado. Dios aprieta, pero no ahoga, recordadlo.

Pero a lo que vamos, ¿adivináis la causa de mi vuelta? No, lo siento, no han sido las elecciones catalanas, aunque no dudéis que volveré a ellas. Si no ha sido Cataluña… ¡Sí! Punto para los acertantes: mi admirado Arturo Pérez-Reverte ha vuelto para salvarme de las tinieblas como hizo hace quince años cuando me descubrió que la lectura puede dar más felicidad que la mayoría de las cosas. Aunque, para ser sincera, ha sido la ausencia de Reverte lo que me lleva a escribir estas letras y es que en el bar más cercano a mi casa hay un cliente – hombre, mujer, niño, anciano, terrestre o extraterrestre- que me supera en la admiración por el de Cartagena y arranca del XLSemanal sus columnas. Así que llego yo el lunes por la mañana, contenta por empezar una buena semana con un café y ganas de desafío intelectual y ¡nunca está!, ¡se la llevan! Paso del editorial a Carlos Herrera y Juan Manuel de Prada que se merecen todos mis respetos, pero ¡me falta una página! La busco por el resto del magazine con la ilusa esperanza de encontrarla en algún otro lugar, pero vuelvo al principio y encuentro los pequeños pellejos de papel prueba del delito y aunque me acuerdo de toda la familia del delincuente no puedo menos que sonreír porque haya alguien que religiosamente, semana tras semana, se esté haciendo la colección de artículos a costa del bar más cercano a mi casa; si bien, me gustaría descubrirlo para decirle que cada cierto tiempo se publica un libro recopilatorio que haría bien en comprar.

(En este punto ya estoy en el ordenador de casa porque el castillo de Olite no me ha dado para seiscientas palabras. Cuando visite Versalles, otro gallo cantará)

Pido encarecidamente que se difunda este mensaje: no arranquéis páginas de publicaciones… ¡que no son vuestras! Porque yo no voy a vuestra casa a quitaros la sección de internacional o la de deportes. Y digo más, a los que hacéis el sudoku, autodefinido, encuentralassietediferencias o similar del periódico del bar al punto de la mañana, tampoco lo hagáis. Tampoco está bien. Al menos esperad a última hora de la tarde; al menos utilizad lápiz y escribid fino; al menos… hacedlo bien. Y si el ansia puede con vosotros, venden cuadernos repletos de crucigramas en cualquier quiosco al módico precio de un euro, ciento sesenta y seis pesetas.

Pues bien, escrito esto, poco más me queda. Sé que no ganaré el Pulitzer por las cuatro chorradas que acabo de teclear, pero han supuesto mi vuelta a las letras. En estos momentos, mejor que cualquier premio.

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