Son las palabras que llenan una hoja

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Vuelta a los escenarios

In Calamares en su tinta on 28 septiembre 2015 at 15:08

Como bien sabéis, hace mucho tiempo que no escribo. Años. Así que pido perdón. A vosotros que siempre habéis sido fieles lectores, a quien está a mi lado animándome incansablemente a escribir; pero sobre todo, a mí misma, porque creedme que he sido la mayor perjudicada de mi ausencia literaria. Sin embargo, nunca cejé en la costumbre de llevar conmigo una libreta en el bolso, en cuyas páginas, desgraciadamente, no se ha anotado una palabra en treinta y ocho meses, salvo alguna lista de la compra. Se siente degradada y yo me compadezco por ella, la entiendo. Pues bien, paradojas que ocurren, en estos momentos estoy escribiendo en un folleto del castillo de Olite que visité hace un par de semanas porque la vida se ríe de mí y la inspiración me llega sin libreta a mano. Doy gracias por tener un bolígrafo porque el lápiz hubiera supuesto mi desesperación al intentar garabatear en papel cuasi-plastificado. Dios aprieta, pero no ahoga, recordadlo.

Pero a lo que vamos, ¿adivináis la causa de mi vuelta? No, lo siento, no han sido las elecciones catalanas, aunque no dudéis que volveré a ellas. Si no ha sido Cataluña… ¡Sí! Punto para los acertantes: mi admirado Arturo Pérez-Reverte ha vuelto para salvarme de las tinieblas como hizo hace quince años cuando me descubrió que la lectura puede dar más felicidad que la mayoría de las cosas. Aunque, para ser sincera, ha sido la ausencia de Reverte lo que me lleva a escribir estas letras y es que en el bar más cercano a mi casa hay un cliente – hombre, mujer, niño, anciano, terrestre o extraterrestre- que me supera en la admiración por el de Cartagena y arranca del XLSemanal sus columnas. Así que llego yo el lunes por la mañana, contenta por empezar una buena semana con un café y ganas de desafío intelectual y ¡nunca está!, ¡se la llevan! Paso del editorial a Carlos Herrera y Juan Manuel de Prada que se merecen todos mis respetos, pero ¡me falta una página! La busco por el resto del magazine con la ilusa esperanza de encontrarla en algún otro lugar, pero vuelvo al principio y encuentro los pequeños pellejos de papel prueba del delito y aunque me acuerdo de toda la familia del delincuente no puedo menos que sonreír porque haya alguien que religiosamente, semana tras semana, se esté haciendo la colección de artículos a costa del bar más cercano a mi casa; si bien, me gustaría descubrirlo para decirle que cada cierto tiempo se publica un libro recopilatorio que haría bien en comprar.

(En este punto ya estoy en el ordenador de casa porque el castillo de Olite no me ha dado para seiscientas palabras. Cuando visite Versalles, otro gallo cantará)

Pido encarecidamente que se difunda este mensaje: no arranquéis páginas de publicaciones… ¡que no son vuestras! Porque yo no voy a vuestra casa a quitaros la sección de internacional o la de deportes. Y digo más, a los que hacéis el sudoku, autodefinido, encuentralassietediferencias o similar del periódico del bar al punto de la mañana, tampoco lo hagáis. Tampoco está bien. Al menos esperad a última hora de la tarde; al menos utilizad lápiz y escribid fino; al menos… hacedlo bien. Y si el ansia puede con vosotros, venden cuadernos repletos de crucigramas en cualquier quiosco al módico precio de un euro, ciento sesenta y seis pesetas.

Pues bien, escrito esto, poco más me queda. Sé que no ganaré el Pulitzer por las cuatro chorradas que acabo de teclear, pero han supuesto mi vuelta a las letras. En estos momentos, mejor que cualquier premio.

Terapia de Choque II

In Calamares en su tinta on 25 junio 2012 at 0:16

Hace tiempo me dijeron que esperaban una segunda parte, hace tiempo me reprocharon que no lo enmarcara en un mal llamado sandwich y hace tiempo que no escribo nada. He creído que eran suficientes razones para volver a estos lares y un año después, lo prometido es deuda:

– Que un recién nacido te apriete los dedos con sus manitas

– Entrar en un local climatizado cuando hay 38 grados de temperatura

– Que tu mejor amiga te diga que se casa… y llores

– Conseguir trabajo

– Recibir un mensaje inesperado de alguien que creías olvidado

– Que tu mejor amiga te diga que está embarazada… y llores

– Probar comida de otros países

– Pasear sin rumbo ni horarios

– Ver viejas fotos

– Darte cuenta de que realmente eres capaz de discutir acaloradamente en otros idiomas

– Reír sin motivo

– Una conversación con tabaco y café que se alarga hasta la madrugada sin darte cuenta

– Un reencuentro

– Releer un libro y que te guste más que la primera vez

– Oír la lluvia mientras duermes

– Regalar algo que sabes que le encantará

– Quitar la ELE de la luna trasera de tu coche

– Gritar Gooooooooooooool!!!!!!

– Comer al aire libre

– Caminar solo, acordare de algo y empezar a reír

– Ver una buena película

– El primer día de vacaciones

– Acostarte tarde y levantarte temprano

– Llegar a la parada de autobús y que justo esté llegando

– Que tu equipo se quede en primera división 😉

– Caminar por la playa

– Recordar lo que has soñado

– Tropezar y no caerte

– Hacer el último examen de la carrera

– Reír hasta que te duela la tripa

– Volver

Esto es todo por este año, no prometo una tercera parte porque no creo que haya tantísimas cosas buenas, no se debe dar mucha importancia a lo que realmente no la tiene, aunque hay que saber reconocer los pequeños placeres que nos encontramos por el camino. Sin ser partidaria de esta rebanada de pan he cumplido con el bocadillo a riesgo de parecer demasiado cursi. Yo es que soy más de tostadas, que el exceso de pan engorda.

Otra mañana cualquiera

In Calamares en su tinta on 13 octubre 2011 at 0:51
  • ¿Sí?
  • Buenos días. Publicidad.
  • ¿Síí?
  • Publicidad.
  • ¿Qué?
  • ¡Publicidad! ¿Me puede abrir?
  • ¿Qué?, ¿quién es?
  • ¡¡¡Publicidad!!!
  • ¿¿La policía??
  • Propaganda, señora.
  • ¿Qué?¡No le entiendo!
  • PRO-PA-GAN-DA
  • ¡Ah! Propaganda. Vale.

Clic.

  • …. Muchas gracias.

Voy a hacer un llamamiento a todos: abrid al repartidor. Por favor. Sé perfectamente que es una faena que llamen por la mañana a casa mientras estás viendo la televisión, sentado en el sofá o incluso durmiendo, te levantas para ver quién es y resulta ser la famosa propaganda… Más que una faena, es una putada, pero ¡es que ya estás levantado! ¡Tienes el telefonillo en la mano! ¡Y has contestado! ABRE, no te cuesta absolutamente nada. Apretar un botón. Piii. Ya está. No ha sido tan duro. Luego ya puedes volver a tu sitio acordándote de toda la parentela del repartidor, que él no se va a enterar y su familia tampoco. Aquellos que no abren (y siento si es el caso de alguno de los lectores) lo hacen con muy mala baba. Y estoy hablando de portales que ni tienen un portero que se ocupe del tema ni un buzón destinado a tal uso, aquellos portales en los que no te queda más remedio que llamar; porque puedo prometer y prometo que si puedo evitar el encontronazo con los vecinos, lo hago. Nunca llamo demasiado pronto, porque pienso en quienes tienen esas sábanas con poderes mágicos que impiden salir de la cama antes de las diez y media de la mañana. Y nunca insisto con toques largos, simplemente rozo levemente el botón, lo cual suele ser señal inconfundible de ¡¡PROPAGANDA!!

Ahora voy a hacer un segundo llamamiento: educación. Me he dado cuenta que este será muchísimo más complicado. Doy los buenos días, pido las cosas por favor, abro puertas y ayudo con las bolsas en cuanto se da la ocasión. Y esa señora que te ha agradecido con una sonrisa que le subieras los tres kilos de patatas y los ocho litros de leche escaleras arriba y que te ha dicho lo guapa que eras, esa misma dama en cuanto tú, amable y también sonriente, osas sacar el panfleto de turno y comienzas a depositarlo en el interior de los buzones… su rostro se convierte en una mueca de asco, gira la cara, se marcha altiva con su compra y ni se le ocurre contestar a tu educado “hasta luego, buenos días”. Ni qué decir tiene de aquéllos que te pillan in fraganti y a los que no te ha dado tiempo de hacerles ningún favor porque cuando persisto con mi insistente BUENOS DÍAS y mi sonrisa, ellos te miran, los que lo hacen, y pasan de largo como si no tuvieras derecho a existir. Y ya no voy a comentar sobre los que te regañan y pasan a tu lado murmurando sobre la lastra que suponen esos repartidores para la sociedad.

Y después de todo, pienso que la que ha madrugado y la que tiene que recorrer cada calle dos veces, normalmente con mucho calor o con mucho frío y con una mochila al hombro llena de propaganda, soy yo. Soy yo la que no tiene muchos motivos para sonreír el lunes por la mañana a gente desconocida y soy yo la que se pasa las horas haciendo un trabajo que no me realiza en absoluto por unos puñeteros euros. Y son los demás los que se enfadan porque se han tropezado conmigo en el portal y no dan los buenos días a la primera persona que se encuentran. Vaya forma más inútil de comenzar el día.

Terapia de choque I

In Calamares en su tinta on 23 junio 2011 at 1:39

-Las palomitas que se quedan a medio hacer y el gusto que da morderlas
-Los libros usados que consiguen hacerte sentir especial
-Comer todas las pipas que el cuerpo aguante mientras se ve un buen partido de fútbol
-La leche muy caliente para el café con hielos
-Hacer esquemas en DIN-A3 con los apuntes y creerte el más listo de la clase
-Estudiar con post-its de muchos colores, tamaños y formas, aunque no sirvan de nada
-Saltarte marchas mientras conduces
-Saberte poderoso al tener el control de la música cuando vas de copiloto
-Llorar de felicidad
-Tener que ponerte la camiseta cuando empieza a hacer frío en la playa
-El bote que da un avión cuando toca tierra firme porque ya estás a salvo
-Untar la salsa del plato con un trozo de pan, y con la mano, aunque sea de mala educación
-Tener tiempo para desayunar
-Desayunar salado
-Poder perder toda la mañana del domingo leyendo periódicos y no sentirte culpable
-Tirarte en otoño en un agujero de hojas secas
-Encontrar un libro que creías perdido… encontrar cualquier cosa que creías perdida
-Pasear por una ciudad extranjera y hallarte como en casa
-Darte cuenta de que la pesadilla era sólo una pesadilla
-Abrir la ventana en una noche calurosa y que haya corriente
-Tener los pies frios y meterlos debajo de las piernas de tu compañero de sofá
-Que el amanecer llegue sin que lo esperes
-El acordeón que toca un indigente cuando paseas por el parque
-Beber agua cuando tienes sed
-Encontrar dinero en los bolsillos
-Gritar sin motivo
-Un abrazo inesperado
-Llorar porque España ha ganado el mundial (¡¡Iniesta de mi corazón!!)
-Descubrir que hay temas que no entran para el examen
-Discutir acaloradamente y terminar teniendo razón
-Recordar con tus amigos las canciones de la infancia
-¡Que te llegue un mensaje con un nuevo post en seiscientas!

Y dicen que las segundas partes nunca fueron buenas

In Calamares en su tinta on 16 marzo 2011 at 16:53

Escribo por varios motivos: no puedo dormir y hay parón en todas las series que sigo, este blog está en coma y hay que revivirlo, Iker me ha dado envidia.
Así que voy a hablar de Huesca, aunque estéis hasta las narices, pero es mi blog y hago lo que me da la gana; suerte tenéis de que sólo pueda escribir seiscientas palabras.

Otro año no dormí por culpa de Paula y fui la única que llegó al autobús sin quejarme del madrugón, no hice una conga porque estaban los de tercero y no había confianza. Mi gozo duró lo que le costó al conductor enchufar la tele, gracias al gracejo de Carolina con los innovadores y rompedores aparatos electrónicos del momento. Véase mando a distancia. Pero tras Indiana Jones y las curvas de Yesa llegué. Exactamente al IES Pirámide, del que prefiero no hablar porque daña seriamente mi sensibilidad… Al final, ahí estaba otra vez HUESCA CONGRESOS, a lo Holliwood, pero a nivel usuario, porque uno se puede subir en la U, en la E y en la C. Como veterana sabía lo que me esperaba si entraba tarde al auditorio, así que planté todas mis pertenencias en una buena butaca VIP con enchufe, cerca de la salida y del escenario; pasé del merchandaising, que se había visto seriamente afectado por la crisis y no era un asunto urgente. Y comenzó el congreso. Creo que coincido con los asistentes de FCOM cuando me quedo con la profesora de la Complutense que intentó desbancarnos como mejor facultad de periodismo y eso está muy mal, con la charla de los políticos, no por ellos, sino por las circunstancias, y con los calcetines de Ramón Lobo, quien fue otro año más mi preferido; Paula y yo le saludamos como a un amigo de toda la vida porque le entrevistamos el año pasado y nos crecimos; él, educado, nos devolvió el saludo sin ocultar una mueca de desconcierto a lo “¿Vosotras quiénes narices sois?”.
No comento las comidas porque me pongo triste: Abadía las Torres fue desbancada por un catering que no sé de dónde traía la fruta porque NO, no estaba buena y NO, no somos unas sibaritas. Al vino sí que le puedo dedicar unas palabras porque es lo único que nunca defrauda; ni sueño me entró y eso que hubo algún ponente que se ganó a pulso los bostezos.
Llegó la noche, y con ella, más vino, más copas y EL FUTBOLÍN. Ese hito, ese símbolo, ese núcleo de reunión que desgraciadamente fue relegado a una esquina del bar en pos de “Los del Huerto”, no pongo ni enlace, imaginaos. Hubo decepción en las miradas, tristeza en los rostros, peligro de suicidio, incluso alguien insinuó ¡cambiar de bar! La situación necesitaba una solución extrema, urgían unos chupitos de tequila… Y hasta aquí puedo leer.
Sé lo que estáis pensando: que ese congreso es puro cachondeo y que este blog solía ser más serio. Es que falta la conclusión final, breve, pero contundente.
El periodismo está en crisis porque los valores están en crisis y Twitter está muy bien, pero no va a solucionar los problemas; así que o nos ponemos las pilas o mandamos el currículum a McDonals. El llamado periodismo ciudadano no existe (son los padres), es simplemente opinión pública. Por eso no hay que llamar al otro, al nuestro, al de verdad, periodismo profesional, porque es periodismo, sin adjetivos. Da igual el soporte, lo que importa es lo que se hace y, más aún, cómo se hace. Superaremos la crisis porque si no, el PERIODISMO, con mayúsculas, habrá fracasado.

El penúltimo regalo de Argentina

In Calamares en su tinta on 17 enero 2011 at 8:31

Si llevas mucho tiempo viviendo en un lugar extranjero ,los últimos días son caóticos porque te das cuenta de que te quedan mil cosas por hacer; obviamente, lo has dejado todo para el último momento. Esta vez no iba a ser menos y llevo una semana recorriendo Buenos Aires para comprar regalos y postales a todo el mundo, aspecto, este de los viajes, que odio con todas mis fuerzas. Sin embargo, una vez que has encontrado algo para una persona, hay una fuerza sobrenatural te lleva irremediablemente a comprar para todos, hasta para ese tío que hace cuatro años que no ves, pero que sabes de todo corazón que está esperando su imán del tango porteño para la nevera o esas horribles encarnaciones del diablo de “Me gasté todo mi dinero en Argentina y sólo me llegó para comprarte media taza”.

También me he dado al estudio de la guía turística por primera vez para sorprenderme de todo lo que me queda por visitar, así que salgo con la excusa de hacer algún recado y voy al Obelisco a sacar las fotos que no he hecho en seis meses. Ayer paseaba con una amiga por nuestro barrio descubriendo atónitas las iglesias que nos rodeaban, por las que habíamos pasado todos los días, pero nunca habíamos entrado. Hay una en especial a la que le teníamos ganas, la Iglesia libanesa maronita de Buenos Aires. Llegamos a la gran escalinata de la entrada, que siempre llamaba la atención porque es un choque entre tanto rascacielos y puesto de choripan; subimos los peldaños decididas porque siempre estaba cerrada y fue nuestro día de suerte. Llegamos al portón y vemos a dos sacerdotes oficiando misa a tres fieles (ni uno más ni uno menos); parece que San Marón no tiene mucho fan por aquí. Y ahí que nos quedamos, pasmadas en la puerta…

– Hay misa.

– Ya lo veo.

– ¿Tú crees que aquí nos tenemos que santiguar?

– No sé, hay una cruz, pero es rara…

– Bueno, entramos, una genuflexión rápida y nos sentamos al fondo.

– No sé, no me convence… ¿Y si no es de las nuestras?

– Mira, esperamos a que termine, hablamos con el sacerdote y que nos explique.

– ¿Y qué le preguntamos: ustedes son más de Isaac o de Ismael!

En fin, que preferimos no ofender a nadie y volvimos a bajar cabizbajas hasta que nos topamos con un enorme cartel que decía Culto CATÓLICO todos los días a las 19 horas. Así que volvimos a subir muriéndonos de la risa, pero un poco más sabias en esto del maronismo; sin embargo, uno de los párrocos había visto toda la jugada y no la entendió, sólo reparó en dos taradas que iban, venían y parecía que no mostraban mucho respeto. Así que nos hizo un gesto nada amable invitándonos a no profanar suelo sagrado. Y por enésima vez, no pudo ser. Bueno, siempre hay que dejar algo para volver a Argentina.

Más allá de la anécdota, si lo que todos piensan es si les he comprado algo, la respuesta es que creo que sí, estoy casi convencida de que tendrán, al menos, un alfajor. Aunque con mi simple vuelta debería bastar. Espero que esto sirva como despedida porque no me quiero poner sentimental y prefiero contar historias sin mayor trascendencia que la de haber provocado una carcajada y un buen recuerdo.

•••••••

Y como ya no tengo nada más que decir y me faltan palabras para terminar, aprovecho para hacer publicidad de la nueva iniciativa de mi compi, la pequeña empresaria Zubiaur. Entren y compren pegatinas o voy a tener que pagar yo su mal humor.

Santos y libros

In Calamares en su tinta on 25 abril 2010 at 16:36

El viernes fue el Día del Libro y me gusta la tradición catalana de regalar libros y flores, más por los primeros que por las segundas, la verdad. Como aquí, en Pamplona, y en el resto de España la costumbre no está arraigada, me iba a quedar sin libro incluso después de intentar convencer a mis compañeras de piso para que me compraran uno, por eso del detalle. No hubo suerte, pero, casualidades de la vida, un profesor de la universidad decidió sortear algunos ejemplares en tan señalada fecha, con la suerte de que terminé la jornada con un nuevo volumen en mi estantería. Misión cumplida.

Sin embargo, tengo el corazón dividido, o más bien extrañado: veía el pasado viernes en los telediarios imágenes de ingentes masas de gente paseando por la Rambla de Barcelona, donde autores de los best sellers del año se ingresan unos cuantos euros más y los autores de los worst sellers intentan hacerse un hueco a precios demasiado bajos. Tras la noticia, se retransmitieron reportajes sobre Cervantes y Shakespeare como manda la tradición en recuerdo del día de sus muertes; además, este año se ha colado Miguel Hernández para celebrar el que hubiera sido su cien cumpleaños. Después de todo esto, se pasaba a comentar cómo estaba transcurriendo la Feria de Abril, con uno de esos reportajes tan típicos de “la otra cara de la Feria” sobre los verdaderos currantes: camareros, cocineros, electricistas y los grandes protagonistas: los basureros que cada día recogen toneladas de mierda del recinto del Real de la Feria de Sevilla.

Digo que tengo el corazón extrañado porque entre tanta celebración, esperé ansiosa la noticia sobre las celebraciones en Zaragoza o en Huesca o, incluso, en Teruel… pero nunca llegó. ¿Por qué lo esperaba? Porque el 23 de abril es el Día de San Jorge, patrón de Aragón desde el siglo XV. Una leve referencia al santo cristiano, algún apunte sobre sus apariciones en las batallas a Sancho Ramírez de Aragón, o simplemente la leyenda de San Jorge y el dragón. Nada.

Así que escribo esto únicamente para recordar que todo viene de algún sitio, siempre hay un principio del que todo surge, y en este caso, San Jorge llegó antes que el Quijote y el Día de Aragón antes que el Día del Libro. Un pequeño recordatorio de la historia de España. Sin más. Y como no me quiero enfadar más, que estamos a domingo y quiero terminar bien la semana y empezar mejor la que llega, lo voy a dejar aquí sin dejarme llevar por sentimientos escondidos sobre los enfrentamientos entre Aragón y Cataluña. Sólo un par de apuntes, de forma anecdótica nada más: si ponen en Google Corona catalano-aragonesa, el buscador inteligente remite directamente a Corona de Aragón, sin aquello de quizás quiso decir, y lo mismo ocurre si intentan buscar Jaume I de Cataluña porque la primera opción será Jaime I de Aragón. Y para terminar, me apetece contar que esta mañana Arturo Pérez Reverte me ha recordado en su Patente de Corso que la bandera de España viene de las barras de la bandera de la Corona de Aragón. Ya está, reitero que no es por crear polémica, simplemente es para mantener enterados a los lectores.

Israel: un país

In Calamares en su tinta on 23 marzo 2010 at 18:17

Israel, hace poco más de un año, bombardeó Gaza porque Hamás había roto una tregua lanzando cohetes contra objetivos israelíes; también invadió la Franja por aire y por tierra. La guerra terminó el 18 de enero de 2009 tras veintidós días de enfrentamiento.  Ahora vuelve a suceder lo mismo: Hamás lanza un cohete e Israel responde con bombardeos. Dejando a un lado asentamientos, Obamas y Netanyahus, la historia se repite.

¿Por qué Israel se ha convertido en un país tan poco valorado?, ¿por qué hay un clima de antisemitismo generalizado?, ¿por qué la causa palestina provoca tantas simpatías? Puede que la razón sea que en menos de un mes murieron más de mil personas (las cuentas difieren entre las fuentes palestinas e israelíes, pero todos asumen que se superó el millar). Además, puede que sea porque de esas víctimas, el porcentaje de militares del Ejército [israelí] fue mínimo y el de civiles israelíes, nulo. También puede ser porque sabemos quién tiene las piedras y quién los tanques, quién tiene el apoyo de Estados Unidos y quién no. Y por eso, es natural al ser humano, hay un posicionamiento del lado del más débil. Seguramente la razón subyace en que no se comprende la respuesta desproporcionada de Israel. Pero todo en esta vida está a una escala de grises, el problema radica en que el conflicto en Gaza es negro oscuro: el acuerdo se torna imposible.

Ahora bien, en el otro frente los bombardeos masivos se justifican porque Hamás es un grupo terrorista y hay que defenderse. Porque los misiles israelíes no van dirigidos a hospitales, sino a los coches aparcados a su lado, repletos de armamento de Hamás. Porque cuando atacan un colegio se debe a que los terroristas están ahí primero disparando. Porque cuando muere un miembro de la Luna Roja suele ser causa de que los milicianos le han utilizado como escudo humano. O porque tienen que demostrar su fuerza ante el peligro, ya no sólo de Hamás, sino también de Hezbolá, de  Al Qaeda y de Irán. Recuerden que al final Goliat murió derrotado por la piedra de David.

Seguiremos viendo día tras día noticias sobre las crueldades del conflicto palestino-israelí porque los periódicos, en especial los de izquierdas, necesitan noticias sobre el Estado israelí –que no Estado judío–  igual que los países árabes necesitan que Gaza se mantenga como está para justificar de algún modo sus acciones. El panorama es negro, también,  porque se podrá hacer cambiar de parecer a muy poca gente. Puede que se necesite un poco más de información para ver las cosas más equitativamente, que no de forma  contraria, porque no hay excusa para, es verdad, la desproporción de los ataques contra Palestina. Algo más de información para valorar a un país que es líder en tecnología con el mayor porcentaje de ingenieros por habitante y líder en agricultura con sandías creciendo en el desierto; un país que ha tenido en su gobierno ministros árabes; un país en el que no todos son rabinos con kipá por la calle, un país en el que hay discotecas y un país al que va la Oreja de Van Gogh de concierto. Un país, al fin y al cabo, que es una de las pocas democracias de Oriente Próximo. Sólo por eso, habría que admirarlo, tan solo un poco.

Dejad que los niños se acerquen…a otros

In Calamares en su tinta on 9 marzo 2010 at 23:51

No me gustan los niños. Aún no tengo edad como para que alguien se preocupe de que nunca haya tenido instinto maternal, así que todavía hay esperanza para que mi madre sea abuela y mis amigas tengan un sobrino al que malcriar. No me gustan los niños por el concepto mismo de niño en sí: ser que no piensa en lo que hace, que toca todo lo que se le pone a tiro y que soluciona sus dilemas morales llorando. Que obra con poca reflexión y advertencia, dice el DRAE en una de sus acepciones. Pero además, hay padres que me gustan menos todavía: esos padres que se van de tapas y dejan a sus vástagos correteando por el bar o aquéllos que permiten que su retoño precioso juegue al escondite en el Carrefour. Ejemplos hay miles, ya me entienden.

El otro día no era momento para que el bebé estuviera allí, como si fuera uno más. Pero el caso es que ahí estaba el puñetero, metido en su coche de capota impermeable. Como el lugar era frío, aún llevaba puesto el plumífero azul marino y rojo. Tenía un libro de “Los medios de transporte” de la colección “Mis primeros pasos en el mundo”, ediciones SALVAT, para más señas. Era sorprendente porque el renacuajo no contaba con la edad suficiente para entender una sola palabra de lo que ahí se decía, pero su madre, inculcándole el valor de la lectura, se lo dio, o simplemente era una manera de entretenerle para que no diera mucho mal; pero bueno, estaba con su primer libro. A ver si hay suerte y le dura la afición. Pues ahí estaba, tirando el libro al suelo, emitiendo sonidos que solo entienden las madres y dando golpes por todos los sitios. Y yo al lado, de pie, estoica. Pensé en cambiarme de sitio, pero el espacio estaba muy lleno y, además, no quería hacer ruido, que con el niño ya bastaba. A todo esto, la madre iba a lo suyo y como mucho le cogía la pequeña, suave y adorable manita de bebé en algún momento. Aún así, el mocoso continuaba llamando la atención moviendo el carro atrás y adelante, izquierda y derecha, si hubiera podido, también lo hubiera movido arriba y abajo.

Total, que ya más pendiente del crío que de lo que tenía que estar, la paciencia empezaba a escasear en mi interior; seguía firme, pero cada vez menos tolerante. No sé si la madre se dio cuenta y lo hizo por mí, por el resto del auditorio o por ella misma, pero se agachó y le dijo a su hijo, en bajo, pero algo enfadada: “Escucha la palabra de Dios, Josito”.

Y no se lo van a creer, pero el niño se calló sin, obviamente, haber entendido nada de esas cinco palabras. Debió de ser el ambiente porque Josito, pegó un manotazo a la capa impermeable que le cubría, sacó las manos por el agujero y no volvió a emitir sonido alguno en toda la misa.

Vecinas

In Calamares en su tinta on 24 febrero 2010 at 11:18

Ya tenía ganas de encontrar una buena excusa para charlar de unas cuantas. Y me ha venido regalada esta mañana. Les cuento: llego al portal con el bolso al hombro, que contiene su respectivo monedero, móvil, estuche, agenda, manual de Historia del Periodismo español y libro de Empresa Informativa; la carpeta bajo el brazo intentando que los apuntes no encuentren ningún resquicio por el que escapar y, además, el paraguas goteando, esta bendita ciudad es lo que tiene, que es tan verde por algo. Por suerte, el portero es un hombre atento y en días húmedos tiene la bondad de dejar la puerta abierta para no complicar al personal. Total, que entro y atisbo en el ascensor a tres vecinas hablando relajada y alegremente de sus cosas, una de ellas con el carro de la compra, especie en extinción, dicho sea de paso, por lo que siempre me alegra ver que aún quedan trastos de esos por ahí. Pero mi gozo en una cueva. Decido que voy a tener que esperar al otro ascensor porque las cuatro y el carro no cabemos. Pero ojo a la sorpresa cuando me doy cuenta de que la puerta que obstruye la dueña del carrito marca que está en el cero. Yo me quedo ahí, esperando algún gesto. Pase, pase, que ella no sube. Ni me miran, igual que tampoco me habían devuelto un educado “buenas tardes”. Así que intento meterme tras el carrito con un escueto “disculpe”, le doy al botón, la puerta se abre, entro y me sigue mi querida vecina.

-Yo que me había cogido la bufanda y tampoco hace tanto frío.

-No.

-Pero la lluvia es muy incómoda, ¿verdad?

-Sí.

-Bueno, adiós maja.

Ni cuenta se había dado, la colega. Ahora imaginen qué habría pasado en el caso contrario: una vecina llega y se encuentra conmigo, dos chicas más y una mochila interceptando su camino hacia el ascensor. Pues como saben lo que hubiera ocurrido, no digo más.

Así que sí, a ustedes les digo: son unas maleducadas. A las que miran al cielo y suben las primeras en el autobús. A las que tienen pase MIP, Muy Importantes Personas, en la pescadería y se cuelan sin ningún tipo de disimulo. A las que no saludan en el rellano porque se creen las condesas de la comunidad, a no ser, eso sí, que vayan acompañadas; ante todo, quedar bien. A las que se hacen las locas y ni sujetan la puerta del portal ni esperan a que lleguemos al ascensor. A las que sólo hablan para quejarse con un ¡hay que ver! Y a las que gritan al viento eso tan famoso de qué groseros son los jóvenes de hoy en día. Pues sí señoras, con el ejemplo que nos dan no esperen una reverencia cada vez que las veamos.

Y sí, digo ustedes féminas porque la mayoría de sus esposos, por suerte, siguen siendo unos caballeros.

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