Son las palabras que llenan una hoja

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Johnny… La gente está muy loca

In Tintarías on 21 septiembre 2011 at 22:51

Hace un mes estuve en Líbano. Tierra impresionante donde las haya, por su historia, sus paisajes y sobre todo por su gente. Los líbaneses hacen esfuerzos sobrehumanos por comunicarse con cualquiera. En árabe, libanés, francés, inglés e incluso se mandan aluna frase en español. Una de esas noches de verano más húmedo que una pecera, mientras bailábamos en Sky Bar (la discote más chic de Oriente Medio) tuve una epifanía gracias a un libanés. La frase no es suya, ni la canta él… y casi no la sabe pronunciar, pero es la pura Verdad: La gente está muy loca. Nunca había oído la canción en cuestión pero el ritmo da igual. Es verdad y punto.

Hace un par de días me citó un señor conocido de mis padres en su despacho. Yo no sabía muy bien qué quería de mí este honrado caballero y ciertamente tampoco tenía demasiado interés. Me lo tomé como una de esas situaciones en las que no quieres hacer quedar mal a tus padres, que le han hablado tan bien de ti y a quienes la humillación no les dejaría vivir durante 3 días seguidos.

El caso es que fui, no sin antes intentar concertar una hora que no me hiciera perder todo el día, aunque finalmente prevaleció, cómo no, la que propuso el señor.

Mientras ponía el ticket de la hora, recibí una llamada de mi madre, quien me alertó del disgusto monumental del empresario que llamó a mi casa para quejarse de que yo, osada de mí, había intentado modificar la hora para no faltar a mis deberes doctorales, familiares, éticos y religiosos y de toda índole. Mal comienzo.

Una vez en su despacho, sólo me preguntó una cosa: “¿Eres más de Filosofía o de Periodismo?”. A lo que respondí que de las dos.
– “Pues no eres el perfil que busco”.
– “Vale, muy bien”. Yo ni sabía que era una entrevista de trabajo, pero es mejor ir al grano que así vulevo a mis deberes.

Y como ya estaba calentito por mi osadía, que ni Yolanda Barcina le pone hora a él, me soltó una sarta de profecías desastrosas: que no debería hacer el doctorado, que la universidad está en quiebra, que la vida es una desgracia, que debería dejar a mi novio y largarme a Estados Unidos que iba a estar en el paro hasta 2087… “Y madura. Tienes que madurar”.  No sé si era una entrevista o una terapia colectiva para optimistas…
Primeros 5 minutos de conversación… de conocernos…. Pero Johnny…

15M

In Tintarías on 24 mayo 2011 at 15:07

Estoy confundida. Ustedes pensarán que se debe a mi edad. Puede ser, aunque no lo creo. No soy la única que tiene sentimientos encontrados sobre el 15M. Mi problema va más allá del por qué ahora y no hace medio año o por qué con 5 millones y no con 4. Eso, en el fondo es lo de menos.

Lo de más es ¿por qué están ahí? Y ¿qué quieren? Estas preguntas no son fáciles de contestar. Debo confesar que no me siento una persona especialmente estúpida, pero me ha costado mucho enterarme de qué es lo que buscan. Hay un problema grave de comunicación, eso es evidente, porque según yo, hasta que no me he puesto a investigar por mi cuenta, sólo buscaban acabar con el bipartidismo reinante. Y no es que no sea un fin válido para acampar en la puerta del sol. Acampadas más absurdas se han visto. Sino que no están ahí sólo por eso.

Después de navegar por diversos medios de comunicación decidí acudir directamente a las fuentes. Y sólo en su propia página web encontré respuestas. Alzan la voz contra el desempleo, la desigualdad, la situación económica, el descaro de los políticos… Y con casi todo estoy de acuerdo, aunque sin el tinte de izquierdas que por principios no puedo aceptar. Pero me parece muy bien que se quejen. ¡Qué ya era hora! Y no nos da igual. Lo he entendido y comparto el espíritu hasta cierto punto.

De todas formas sigo sin entender una cosa. Cómo va esto: “Modificación de la Ley Electoral para garantizar un sistema auténticamente representativo y proporcional que no discrimine a ninguna fuerza política ni voluntad social, donde el voto en blanco y el voto nulo también tengan su representación en el legislativo”. Curiosa propuesta. ¿El voto en blanco debe tener representación en el legislativo? ¿Cuál? Si el problema del voto en blanco es que no vota a nadie. Habrá que realizar una redecoración minimalista del recinto parlamentario…

Puntual pero tarde

In Tintarías on 17 enero 2011 at 10:58

Yo, en esto del blog, llego tarde hasta para felicitar el año. Hace tiempo que no dejo caer unas líneas por estos lares ni a fuerza de amenazas. Paula me lo ha repetido 500 veces. Hasta su tío, fiel lector por lo que se ve, me ha reprochado mi vagancia. Mi madre también lo ha hecho pero no cuenta, porque lo hace con demasiada frecuencia y por muy diversos motivos.

Hoy, me he animado con el inminente regreso de Lydia. Bueno, realmente quiero que no me eche la bronca nada más llegar y me castigue sin regalos. Bromas aparte, aprovecho la falta de trabajo, para escribir unas palabras, aunque no sé si llegarán a seiscientas (falta de práctica).

Este nuevo año comenzó con pocos propósitos, por aquello de que el que mucho aprieta poco abarca. Este año, voy a hacer dieta y deporte todos los días, no sólo los lunes. Voy a estudiar todos los días al menos dos horas. Voy a llamar a todos mis amigos al menos una vez por semana. Voy a sonreir contra viento y marea. Voy a tener mi cuarto recogido. Voy a pensar más en los demás. No voy a ser violenta al volante. Voy a escribir 600 palabras para el blog todos los días, para subir sólo mis mejores creaciones.

Voy a contestar bien a mis padres y no voy a pelear con mis hermanas. Voy a ser una novia amorosa, una hija ejemplar, una hermana santa… Voy a trabajar con abnegación en mis múltiples empleos. Voy a ahorrar todo mi dinero. Voy a maquillarme a diario. Voy a levantarme siempre a las 8, para desayunar y llegar con tiempo a todas partes. Voy a ofrecerme para hacer la compra y recoger y llevar a todo el mundo sin quejarme porque no tengo coche.  Voy a crear al menos dos círculos de lectores y varios grupos de aficionados al tenis, el montañismo y el alpinismo saharaui.

Voy a hablar bien de todo el mundo. Voy a visitar a los enfermos. Voy a dar de comer al hambriento. Voy a enseñar al que no sabe. Voy a dar buen consejo a quien lo necesite. Voy a perdonar las injurias. Voy a consolar al triste. Voy a sufrir con paciencia los defectos de los demás…

Hoy no puedo, pero empiezo mañana.

El sol es vida

In Tintarías on 27 abril 2010 at 18:12

“Hay madres que no comen para alimentar a sus hijos”. Así titulaba elmundo.es la noticia de que Jordi Bach va a regalar al pueblo haitiano cocinas solares. Y usted se preguntará: “¿quién es este alma caritativa?”. Ya se lo digo yo: “el director de la ONG Cesal en Haití”. ¿Que no lo conoce? Yo tampoco, pero créame que me gustaría conocerlo. Regalar cocinas solares a un país cuyos recursos económicos quedaron totalmente destruidos gracias al terremoto del pasado enero es una muestra de magnanimidad. Después de todo, en el Caribe lo que sobra es sol y ya es hora de comenzar con las energías renovables… “El sol es vida”, dice Jordi. Un buen lema… ¡Que se lo digan a Ícaro!

No sé si este plan sería de su propia cosecha o si necesitó ayuda para tan peliaguda ocurrencia, pero lo que sí sé es que sólo a una mente brillante se le puede ocurrir una cosa igual. Es casi tan ingenioso como regalar una flota de barcos a Bolivia y casi tan cruel como regalar una bicicleta a un niño que no tiene piernas.

Ayudar está muy bien y es deber de todos, pero semejante chorrada es un bofetón a los pobres haitianos. Quizás en unos años, cuando el país haya salido de esta, los europeos podamos exportar energías renovables. Pero tres meses después del terremoto lo que se necesita es reconstruir el país, alzar nuevas viviendas, sembrar los campos. Porque hoy la cocinita les servirá de muy poco y porque sólo su mantenimiento será un gasto que ni podrán ni querrán afrontar.

El mismo Jordi Bach cuenta en la página Web de su ONG, cesal.org, cuál es la situación actual del país: “En la mayoría de los cientos de abrigos repartidos por Puerto Príncipe, existe un gran hacinamiento de personas viviendo bajo plásticos o sábanas. Se están instalando servicios mínimos de agua y saneamiento (letrinas) en algunos de ellos. Muchos de estos abrigos están en zonas inundables. Muy poca gente tiene una tienda de campaña o duerme debajo de una estructura de madera que aguante las fuertes lluvias que empezarán en abril (ya ha llovido varios días). Ha aumentado el número de gente que pide en las calles, sobre todo niños. La ayuda humanitaria llega de forma clara en la ciudad, totalmente invadida por más de 800 ONGs. Por todos lados hay distribuciones de agua, comida, etc. El problema es que no son dirigidas a familias vulnerables, sino hechas de forma masiva. Mucha gente, la más vulnerable, los heridos, con problemas de movilidad, están teniendo problemas para acceder a esta ayuda humanitaria. Como era de esperar, ha nacido un comercio alrededor de la ayuda, en la reventa de productos”.

Y los españoles regalamos cocinas solares. Perdón, pero si hay madres que dejan de comer para alimentar a sus hijos, no creo que sea porque no tenían una cocinilla solar donde freír los manjares, sino porque precisamente el problema es que no hay ni piedras para comer. Uno de cada tres niños haitianos sufre desnutrición crónica, según el informe emitido en febrero por UNICEF. Aunque Jordi podría alegar que eso es porque no tienen cocinillas…

Lo cierto es que he decidido llamar a Jordi porque tengo un lavavajillas en casa que quizás venga bien para que los haitianos laven los cubiertos después de comer. A lo mejor usted tenga una plancha que quiera donar, para que los haitianos no vayan hechos unos guarros a llorar a sus muertos.

POBRE GARZÓN

In Tintarías on 24 marzo 2010 at 21:17

Me sorprende la cultura del pueblo español y los niveles insospechados de estupidez a los que se puede llegar en nombre del saber y la libertad. Me causa fascinación que más de cien escritores, músicos y actores firmen un manifiesto en el que expresan su “preocupación social” por el acoso legal al juez Baltasar Garzón.
Aunque vivamos en democracia, no todo es, ni debe ser, democrático. La libertad de expresión nos permite opinar y hablar de lo que queramos. Pero no nos da vía libre para decidir o actuar de acuerdo a nuestras opiniones. Mucho menos, para proceder democráticamente en cuestiones en las que los profesionales son los únicos que conocen los criterios para decidir. Nadie que no sea médico debería opinar sobre si un enfermo de cáncer debe recibir tal o cual tratamiento. Del mismo modo, nadie que no sea un profesional del derecho puede decir si una causa debería abandonarse o perseguirse, por mucho que sea madre de un actor galardonado o hijo de Rita la Cantaora.
Los firmantes son miembros de un colectivo de artistas, cuyas opiniones políticas, como colectivo, son cuando menos irrelevantes, y, cuando más, irreverentes. Según ellos “la sociedad identifica y agradece la dedicación de Garzón y su lucha contra la delincuencia, el terrorismo y la corrupción”. Ahora bien, la sociedad agradece la dedicación y la lucha contra la delincuencia, el terrorismo y la corrupción por parte de cualquier magistrado. Es más, lo que realmente hay que agradecer, es que no desechen la causa contra uno de sus colegas, porque eso significaría que la Justicia en España va peor de lo que todos pensábamos. Si el Tribunal Supremo se negó a archivar el caso Garzón, acusado de prevaricación, cohecho e interceptación legal de comunicaciones, no le faltarán motivos. Y muy buenos tienen que ser, porque por lo general, entre bomberos, no se pisan las mangueras. Ya se ve que no es moco de pavo que después de recibir dinero de Botín durante su estancia en Nueva York, Garzón instruyera la causa de su mecenas.
El Tribunal Supremo es el único capacitado por ley, según el artículo 160 de la Ley Orgánica del Poder Judicial, para “dirigir la inspección de los Juzgados y Tribunales en los términos establecidos en la propia ley”. Dicha ley no contempla que la opinión pública o el iluminado de turno decidan qué causas se deben seguir y cuáles no. Y creo que tampoco debería contemplarlo. Los artistas son libres para participar públicamente del debate político. De acuerdo. Pero la Justicia no se elige en las urnas, y eso hay que tenerlo muy presente.
La cúpula de abanderados de la cultura española se justifican diciendo que “las dimensiones de inconcebible acumulación que está tomando el caso” les hacen temer que pueda llegar hasta los tribunales internacionales y que se pueda quebrar la confianza en las instituciones. Es raro que estos librepensadores se adhieran a tan incoherente postura, que sería como decir que no hay que juzgar a un sacerdote para no quebrar la confianza en la Iglesia. Y seguro que ninguno defendería tal postura con la misma vehemencia. ¡Qué abogados, los de Garzón!
Supongo que ese es el problema de la democracia. Todos creemos que podemos, y debemos, opinar. Pero no le faltaba razón a Ortega y Gasset cuando escribió: “La democracia, como democracia, es decir, estricta y exclusivamente como norma del derecho político, parece una cosa óptima. Pero la democracia exasperada y fuera de sí, la democracia en religión o en arte, la democracia en el pensamiento y en el gesto, la democracia en el corazón y en la costumbre es el más peligroso morbo que puede padecer la sociedad”.

Caricias de carrocería

In Tintarías on 9 marzo 2010 at 21:35

Chocar el coche. Un evento mundialmente temido y que todos hemos experimentado más veces de las que nos gustaría admitir. Ocurre el día menos pensado, aunque existen testimonios de personas que han profetizado sus propias colisiones… ¡Ellos sabrán!

Siempre existe un factor común a todo choque: Un conductor – el otro, claro está – que es oligofrénico y tiene la culpa de todo. Es un papel evidentemente intercambiable y subjetivo, pero nunca atribuido al propio narrador de la historia.

Sólo hay dos posibles situaciones: la del conductor cabreado, y la del conductor humilde. Rara vez se dan casos mixtos. El conductor cabreado se baja inmediatamente del coche, y casi sin evaluar los daños insulta al piloto del otro vehículo, al más puro estilo de Esperanza Aguirre. En ocasiones, la ira hace que incluso sea necesaria la presencia de la policía.
El conductor humilde, o más bien la conductora, pues nunca se han visto ejemplares masculinos de esta estirpe, se baja del coche y se echa a llorar. No se llame a engaño el lector, la humilde damisela también piensa que el otro es idiota, pero procura conseguir aprovecharse de su estupidez para conmoverlo. La humildad solo aflora si el otro conductor es hombre. Porque entre mujeres, solo aflora el instinto de supervivencia, y la primera en contactar con un hombre que le diga cómo proceder, gana.
Los motivos de una colisión también dependen del sexo. En los hombres lo más frecuente son los piques imaginarios a los que otros coches los incitan. Para las mujeres suelen estar relacionados con un retrovisor, una llamada de teléfono y el delineador de ojos cuya punta se rompe justo cuando el semáforo cambia a verde. Situaciones aparentemente nimias pero que cobran un gran protagonismo a la hora de recapitular lo sucedido. Porque los choques, a pesar de ser desagradables, deben ser relatados.
No se sabe si son peores las colisiones madrugadoras o las nocturnas. Las primeras fastidian el día completo a ambos conductores, y por consiguiente a todos sus allegados, que deben sufrir en silencio el relato de un evento cuyas dimensiones guardan una relación inversamente proporcional al interés de los que lo escuchan. Cuanto menos interés muestre el familiar, mayores son los esfuerzos de la víctima para expresar la espectacularidad del encontronazo. Los choques nocturnos dificultan el efecto catártico del relato, puesto que por la hora el número de oyentes es reducido. Lo cual hace que la narración se prolongue durante días o incluso semanas.
Solo hay un tipo de colisión de la que nadie habla. La leve caricia que se hace en un parking cuando la víctima no está presente. Una rayita. Un besito si se quiere. El agresor evalúa el daño y abandona el parking sin dejar sus datos. Cuando el afectado se percata del desperfecto, se cabrea y mira alrededor intentando buscar un culpable. Al final siempre se aleja con el convencimiento de que, de haber sido él, hubiese dejado una nota…Sí, seguro.

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