Son las palabras que llenan una hoja

2013

1. “Ahora pensaba en él como en mí misma, uniéndolo sin querer a cada pensamiento que tenía sobre mi futuro. La influencia abrumadora que ejercía en mí cuando estaba presente desaparecía del todo en mi imaginación. Ahora me sentía su par y, desde la altura del estado anímico en el que me encontraba, lo entendía a fondo. Ahora me parecía claro en él lo que antes me había parecido confuso. Sólo ahora entendía por qué él solía decir que la felicidad consistía en vivir para el otro, y me sentía completamente de acuerdo con él. Me parecía que él y yo, juntos, seríamos así, infinita y serenamente felices. E imaginaba no los viajes al extranjero, ni la vida mundana, ni el resplandor, sino una vida distinta, apacible y familiar, en la aldea, sacrificándonos eternamente, amándonos eternamente, con una conciencia eterna de la dulce y auxiliadora Providencia” (Lev Tolstói en La felicidad conyugal)

2. “En una metrópoli de tal importancia como Calcuta siempre hay alguna migaja que recoger. Mientras que en una aldea inundada por las aguas o requemada por la sequía, ha desaparecido hasta la esperanza de las migajas” (Dominique Lapierre en La Ciudad de la Alegría)

3. “Un slum no es lo mismo que un barrio de barracas, es más bien una especie de ciudad obrera miserable habitada únicamente por refugiados de las zonas rurales. Allí todo contribuye a conducir a éstos a la miseria: subempleo y paro crónicos, salarios terriblemente bajos, trabajo inevitable de los niños, carencia de ahorro, endeudamiento incurable con empeño de los bienes privados y su pérdida definitiva a un plazo más o menos largo,  inexistencia de toda reserva de alimento y necesidad de comprar en cantidades ínfimas: diez céntimos de sal, veinticinco céntimos de leña, una cerilla, una cucharada de azúcar: falta absoluta de intimidad: una sola habitación para diez o doce personas. Pero el milagro de esos ghettos semejantes a campos de concentración era que la acumulación de los factores desastrosos resultaba equilibrado por otros factores que permitían a sus habitantes no sólo seguir siendo plenamente hombres sino incluso superarse a sí mismos y convertirse en hombres modelos de la humanidad” (Dominique Lapierre en La Ciudad de la Alegría)

4. “Cuando dejamos de rezar, de acudir a Dios, nuestra fe empieza a enfermar y comenzamos a comportarnos como quien no tiene fe, hasta que acabamos por pensar como vivimos en muchas cosas importantes, por no habernos empeñado en vivir como pensamos” (Pablo M. Edo en 50 preguntas sobre la fe)

5. “Las ideas son como las setas, unas son muy buenas , otras hacen daño y algunas incluso son mortales” (gráfico) (Pablo M. Edo en 50 preguntas sobre la fe)

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